19.12.12

Crítica. Los Miserables: Anne Hathaway maravillosa, una muy buena película que podría haber sido excepcional


Adaptar el musical más visto en el mundo –60 millones de espectadores en 42 países–, desde hace 30 años, puede intimidar a cualquiera. Trabajar con un material archiconocido y enfrentarse a los exigentes –y recelosos– amantes del Musical requiere, de forma inexorable, contar con el equipo perfecto. Un director oscarizado (Tom Hooper, aunque muchos no le hayamos perdonado que le arrebatase la estatuilla a David Fincher); un plantel de actores de renombre que canten en directo; unos números musicales en los que participen los propios creadores de la partitura original, Alain Boublil y Claude-Michel Schönberg; una excelente puesta en escena y un espectacular diseño de vestuario (ojo, del español Paco Delgado). Indiscutible es, por tanto, que con esta versión de Los Miserables se ha ido a por todas. Ahora bien, ¿es esto suficiente –las buenas intenciones– para que el espectador mantenga su interés durante más de dos horas y media en un drama cantado, sin ningún diálogo?

+Todo sobre el maravilloso diseño de vestuario del español Paco Delgado.

Si la versión teatral se basaba primordialmente en la música, en la película se incluyen más elementos de la novela de Victor Hugo. Esto se agradece, aunque haya algunas escenas que, ciertamente, chirrían y no le dan la autenticidad buscada. Pero son las menos. Incluso se han sacado de la manga un tema nuevo, Suddenly, que canta un soberbio Hugh Jackman en su papel de Jean Valjean. Esto también se aplaude, demuestra la libertad y flexibilidad con que se han tomado el proyecto.
El discurso universal contra un mundo corrupto en el que salen perdiendo los de siempre, no puede estar de mayor actualidad. Por eso, y porque sus apariciones en pantalla resultan conmovedoras, asistimos seducidos a la transformación física de Jackman –un actor premiado con un Tony, que se metió en el bolsillo al gran público como maestro de ceremonias en los Oscar– remando al ritmo de Look Down, transmitiendo con doloroso realismo las duras condiciones de su largo cautiverio. Y, especialmente, al sobrecogedor retrato que Anne Hathaway insufla al personaje de Fantine, demacrada, con el pelo rasurado, en un único primer plano absolutamente demoledor, cuando canta I Dreamed a Dream. Una secuencia hipnótica y abrumadora, de gran emotitividad, que, lástima, no logra ser superada por ninguno de sus compañeros.

Difícil para Russell Crowe (a pesar de todo soy de las que lo defiendo, ¿Gladiator cantando? es lo más grande), y máxime cuando comparte escenario con Amanda Seyfried (mejorando ¡Mamma Mia!) o la debutante Samantha Barks (la Éponine original de la versión teatral londinense). Este desequilibrio en las actuaciones se acentúa también en la forma, con ese dúo cómico formado por Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen, como los ladrones Thénardier, que parecen sacados de la burtoniana Sweeney Todd. Aquí Hooper patina, como lo hace con esos alocados zooms a lo Moulin Rouge. Y es una pena, porque Los Miserables es una gran película que podía haber sido excepcional, como el Musical.

[Crítica publicada en Cinemanía enero 2013]

1 comentario:

manipulador de alimentos dijo...

Gran puesta en escena y decoración y medios y también buenas canciones para que todo en 'Los Miserables' acabe sonando huero, vacío, hueco.... Una lástima. Un saludo!