13.1.16

The Wolfpack, el documental sobre los hermanos encerrados en un piso que ganó en Sundance se queda a medias en casi todo

The Wolfpack es un documental que se llevó el premio del jurado en Sundance en 2015. La directora Crystal Moselle se interesó por esos seis hermanos que habían pasado 15 años encerrados por su padre en su apartamento de Manhattan y cuyo día a día había transcurrido viendo una película tras otra y emulando a sus personajes favoritos (especilmente, las pelis de Tarantino, violentas o de terror). Sabiendo esto de inicio, la directora no llega a profundizar en las preguntas que cualquiera nos haríamos ante semejante esclavitud en pleno siglo XXI (los chicos salieron en 2010). Hablan los padres: ella, de Michigan, una señora que aguantó palizas del marido y su régimen dictatorial, que tuvo un hijo tras otro, y que nunca se quejó hasta que le ponen la cámara por delante. Sus comentarios no son explícitos, pero vemos al padre borracho, tambaleándose por el pasillo, y hablando como si se creyera un iluminado. Es obvio que no está bien de la cabeza. Este tipo, peruano, asegura que él nunca ha trabajado porque trabajar es una forma de esclavitud de la sociedad, así que decidió que sus hijos y su mujer no salieran de casa porque no se les había perdido nada fuera. Eso sí, él sí salía. Sus hijos, todos, se dejaron el pelo largo, le daban picos en la boca a modo de saludo y le odiaban, aunque no dejaron la casa a pesar de obtener por fin la libertad. Si en esta casa en la que viven el matrimonio, siete varones ya mayorcitos y una hija de la que nada se cuenta en el documental, aunque la vemos, nadie trabaja, ¿de qué viven? No se explica, sólo que ella recibía una asignación al ejercer de profesora con sus hijos en casa. Pero esto, ¿no es ilegal? En otro momento, uno de los chavales solloza y dice que hay cosas que jamás olvidará que pasaron allí dentro, pero no se profundiza. ¿Hubo malos tratos, abuso de poder, violaciones? Si fuera así, el documental habría servido de denuncia, no como mero pasatiempo para fans de Tarantino que ven como los chavales de visten de Reservoir Dogs. ¿Y los vecinos? En un edificio enorme, con grandes ventanales que dan a varias calles, ¿nadie se interesó por la familia Angulo, nadie preguntó o denunció a la policía? La directora no pregunta, se contenta con creerse lo que le cuentan ellos, que tienen un síndrome de Estocolmo acojonante. Uno de los chavales cuenta que una vez la policía entró rompiendo la puerta, buscando armas. No encontró nada, pero ¿a nadie le extrañó que siete niños vivieran en colchones tirados en el suelo, sin asistencia sanitaria, ni educación oficial? Cuenta el documental, con imágenes, que los chavales "a veces" salían. ¿En qué quedamos? Pero no dice por qué salían o a dónde iban o qué pensaban. The Wolfpack se queda a medias en casi todo, hasta cuando esa madre habla por teléfono con su madre (la abuela de los chicos) por primera vez en 50 años para reencontrarse y no vemos el encuentro. O la directora no se atrevió a ir al grano o esta familia no dice del todo la verdad. Dentro de unos años nos contarán qué ha sido de estos seis chicos que aseguran saber diferenciar la realidad de la ficción, pero que no lo demuestran en el documental, del cacao que tienen. Canino, que es ficción, da más miedo.

The Wolfpack se puede ver en Netflix.