3.5.16

Piloto. Por qué The Ranch (Netflix), con Ashton Kutcher, es Dos hombres y medio en un rancho

El piloto de The Ranch me recuerda lo peor de Dos hombres y medio (2003-2015). Ashton Kutcher (Colt Bennett) regresa a casa, con fama de alcohólico, guaperas facilón y “enemigo” de su familia, pues ha ido a su rollo. Un Charlie Sheen en potencia.


También tiene un hermano (Danny Masterson como Rooster), que es más tranquilo y sensato que él (a lo Jon Cryer, pero sin hijo). Kutcher y Masterson vuelven a trabajar tras Aquellos maravillosos 70 (1998-2006). No me extrañaría nada que llamaran al resto del elenco para la confirmada segunda temporada: Mila Kunis, obviamente (pareja de Kutcher) o Laura Prepon (Orange is the New Black es de Netflix).

El tercero en discordia no es el hijo/sobrino, si no el padre (Sam Elliott, Beau Bennett). Este señor, republicano y dueño del susodicho rancho, está dolido con el hijo pródigo, así que, de primeras, le putea. Al final del piloto, todos han hecho las paces y son felices, vaya.


Con tanta testosterona era necesaria alguna mujer. Este papel recae en la madre (Debra Winger, con unas piernas de spinning que dan miedo), dueña de un bar (el Maggie's), que facilita el alcoholismo del niño, que odia a su marido (están separados), pero se acuesta con él. El sex appeal de estos machos es inimaginable. Kutcher ayuda a parir a una vaca (escena que hemos visto millones de veces con el susodicho metiendo el brazo entero al animal). La madre hace un chiste mañanero (guiño Cócteles fuera de serie) pidiéndole a su hijo los ingredientes para hacer un Bloody Mary. "Tómate cuatro y te dará igual cómo te huela el brazo".

En el piloto aparece otra mujer (Kelli Goss), en este caso, florero, y Ashton Kutcher se la intenta trajinar como hacía en Dos hombres y medio. Ella le seduce, sí, pero la forma de rodar la escena y todo el infumable diálogo es muy Chuck Lorre. Por supuesto, también hay risas del público, para que sepamos dónde reírnos, y Kutcher va de niño bueno en el fondo, pues, jugador de fútbol americano frustrado, consigue jugar de nuevo, aunque prefiere decirle al progenitor que le echará un cable con el rancho, por temor a perder el negocio familiar.

Demasiado tío para mí, demasiada risa fácil y algunos de esos chistes guarros que ya no se llevan. Es increíble cómo Netflix apunta en todas direcciones: la facilona The Ranch nada tiene que ver con la magnífica Unbreakable Kimmy Schmidt. La idea era mostrar los pueblos del Medio Oeste como nunca se han mostrado, sin necesidad de tener que reírse de los estereotipos y dejando que esa otra América sea la que se ría de Hollywood (llevar unas botas Ugg es afeminado según el piloto, vaya nivel). De hecho, todos los episodios tienen nombre de canciones del cantante de country, Kenny Chesney (para el ránking de títulos raros de series). Esa América, dicen sus creadores, no está tan de moda en televisión. Pues si no está de moda por algo será: porque no hacen gracia chistes de hombretón de campo (al menos, a mí). Por no hablar de Ashton Kutcher representando al eterno teenager a sus 38 años.