1.7.16

Crítica. Demolición (Demolition): desmontando a Jake Gyllenhaal

Jake Gyllenhaal está encasillado en papeles de tipos sombríos, de mirada baja, que no entienden lo que les rodea y si es necesario se lo inventan. A mí no me importa, ese punto de locura me chifla, ese momento alocado en el que el personaje, hasta entonces, encerrado en sí mismo, se desata y da rienda suelta a su yo verdadero (o no), ése que oculta. En Demolición, cuyo título es ya de por sí extraño, el actor es el absoluto protagonista, sale en cada una de las escenas y si le acompañas en su recorrido, como me pasó a mí, me lo creo todo y me lo paso bomba. Gyllenhaal es el típico hombre de éxito que, tras la muerte de su mujer, se da cuenta de que ha vivido una mentira. Como trama está más vista que el tebeo, por eso, lo magnífico de este drama es ver la construcción de personaje que hace Gyllenhaal, soberbio, y cómo el director, Jean-Marc Vallée (Dallas Buyers Club) nos seduce, llevándonos por ciertos territorios de la mente y del comportamiento humano que pocas veces he visto yo tratados así en el cine. Demolición es un golpe de deconstrucción acojonante, en el que se desmonta la existencia de uno mismo (a riesgo de volverse loco) para partir de cero. El duelo como punto de inicio para llegar a una meta: la de comprender qué te hace feliz. Por momentos, este drama te da en el coco, motiva lo suficiente como para no dejarte indiferente. Que tiene sus detalles absurdos o demasiado llevados al límite o que no encajan del todo, también, pero lo compensan esas grandes escenas en las que te toca la fibra o esas otras en los que te ríes de verdad (es un drama pero con un humor sutil y desconcertante). Tal vez, lo peor sea la relación con Naomi Watts, que me recordó a St.Vincent, un papel artificial, que no me convence.

 Demolición (Demolition) se estrena en España el 1 de julio.