19.8.16

Crítica. Nunca apagues la luz: la oscuridad puede dar más miedo

Podría hablaros de Babadook, sorprendente película en la que un niño también tiene miedo de esa madre que no ha superado la muerte de su marido. O de It Follows, con una joven también rubia, carismática, perseguida por “algo” de lo que no sabe cómo deshacerse. Podría deciros que estas dos películas de terror (estrenadas, respectivamente, en 2014 y 2015) logran, siendo originales, provocar en el espectador una constante incomodidad. Son de lo mejor que he visto nunca, terror sofisticado, alejado de lo de siempre y valiente en cualquier caso. Pero, y ¿Nunca apagues la luz?


Nos toca hablar de Nunca apagues la luz, el debut de David F. Sandberg, inspirándose en su propio corto homónimo. Babadook también nace de un corto, eso no es un problema, la duda surge cuando prefieres el corto al largo. El corto de Nunca apagues la luz (Lights Out) presenta a una mujer que al apagar la luz de su casa ve una silueta extraña. No hay más. Y da pavor. Como lo han hecho mucho antes las películas de terror asiáticas. Esa mínima idea desarrollada en largo acaba cayendo en lugares comunes, en un terror más propio de los años 90 (me la imagino como tv movie incluso) o dirigido para aquellos espectadores que, poco acostumbrados al género, la podrían ver cerrando los ojos un par de veces. Nunca apagues la luz esconde en las sombras, en la oscuridad, sus mejores bazas, pero es esto mismo lo que la limita incomprensiblemente. Si el monstruo se mueve independientemente de los personajes y de la casa en la que “nació”, ¿por qué no sale al exterior, por qué unas veces mueve el pomo de la puerta y otras traspasa paredes, por qué es malvado cuando al guionista le interesa? No tiene sentido. El filme de Sandberg se equivoca, además, al intentar dar explicación al fenómeno. Me sobran la mayoría de los diálogos, cuando Nunca apagues la luz se muestra como lo que realmente es: un drama familiar con fenómeno paranormal de por medio. Todo lo que vamos viendo es de libro, incluido ese final que pretende epatar al espectador (si estás atento escucharás cómo acaba la película por boca de uno de los personajes que lo comenta, algo incomprensible).

Lo mejor de la película es poder haber visto el corto después. La primera secuencia, con la señora que apaga y enciende la luz, que es la misma que la del corto. Que el monstruo salga pronto y no a la hora de película. Alguna broma surgida de ese novio de la prota con el que se pretende rebajar la tensión. Los ojos de Teresa Palmer. El niño Gabriel Bateman al que veo como un cabronazo en American Gothic, aquí obtiene su merecido. El sótano.

Lo peor de la película es la previsibilidad de todo lo que vemos. Los diálogos que intentan explicar el pasado. La musiquita dramática en las escenas familiares que son demasiadas. Las pobres localizaciones. Que empiece como el anuncio de Navidad de los maniquíes. Maria Bello, como madre acongojada, que no sabe qué hacer con su personaje.

El director de Nunca apagues la luz parece haber visto No tengas miedo a la oscuridad a la que le ha añadido un fantasma de estilo japonés. Ahora rueda Annabelle 2, si ya la primera no me gustó, supongo que ésta será peor. La secuela de la precuela de Expediente Warren: The Conjuring (2013), de James Wan, es como mareante. De Insidious, también de Wan, Nunca apagues la luz también cuenta con esa misma silueta negra acechante, que acompaña a uno de los personajes. Pero es que ya estoy cansada de que no se haga terror que no mire a Wan y al terror japo necesariamente. Flojita, sin más. Pero si eres de susto fácil estarás en tensión la mitad de la película.

El corto en el que se basa Nunca apagues la luz