5.6.11

Restaurante La Cocina de San Antón by Cinco Jotas en el barrio de Chueca

El otro día habíamos pasado por la terraza del recién inaugurado Mercado de San Antón (abrieron el 17 de mayo en Chueca) y no nos habían dejado pasar porque estaba todo overbooking (algo que le pasó también a Cecilia de Vogue, a la que me encontré por allí). Así que Jose reservó por su cumple para comer en el restaurante La Cocina de San Antón. Dimos antes una vuelta por el mercado que es digno de ver. No es tan agobiante como el de San Miguel (en el centro), ya que tiene tres plantas (y en el bajo un Supercor). En la primera, puestos de todo tipo, con una barra de bar de pintxos estilo vasco. En la segunda, para llevar y comer allí mismo (sushi, dulces, etc) y en la tercera, la terraza de copas con un restaurante que tiene zona interior y zona de terraza.
Llegamos con cinco minutos de antelación y nos dijeron que esperásemos tomando algo en la terraza. Pedimos unas cerveza (3 euros) en la barra con la actriz Elena Anaya al lado. El ambiente era modernito, con parejas y grupos de amigos. Tuvimos que pedir el aperitivo (unas patatas fritas, aunque ponen frutos secos también) porque lo vimos en las demás mesas. Toda la terraza está cerrada por una valla de cristal, entiendo que por el ruido, así que pocas vistas se alcanzan a ver, ya que hay bastante separación entre la valla y el muro.
No nos dejaron entrar cinco minutos antes porque luego nos dimos cuenta de que no dan abasto. Muy pocos camareros (vestidos por Juanjo Oliva, más info) para servir muchas mesas, la mayoría de ellas vacías, pero que no llenaban a pesar de que había gente que quería comer y no había reservado. En general, el servicio es flojo: tienes que pedir la carta, que te tomen nota e insistir en detalles como que falta el pan (por cierto, variado, muy rico) o que traigan también agua. Supongo que no sólo es por la falta de personal sino por la inexperiencia de los camareros. Aunque todo hay que decirlo si el camarero no está atento, al menos resuelve el problema con rapidez.
La vista desde el restaurante es espectacular: se ven las tres plantas de las que hablaba antes. La decoración del restaurante La Cocina de San Antón (web) es muy industrial (en su Facebook podeis ver fotos), como de llegar, comer e irse, con manteles de papel llenos de cerditos, servilletas negras de papel, vasos de colores, copas de diferentes formas (algunas promocionando Osborne) y platos de diferentes vajillas. Los techos son altos, con las botellas de vino al descubierto (la carta no es muy allá) y referencias al jamón que para eso el local es de Cinco Jotas (web).
De los primeros destacar cualquier crema (7,50 euros): como la de zanahoria (izq.), o la de puerros (con foie), y el salmorejo con picadillo. El arroz meloso (dcha.) estaba muy rico (8).
Entre los segundos, escogimos todos carne. Solomillo de buey (17 euros), que tuvieron que volver a pasar porque llegó crudo a la mesa; y la carrillada (15), con hummus, que estaba exquisita. Hay una opción que llaman el Cooking: tú eliges el producto que te quieras comer en el mercado (busca el distintivo que no todos lo hacen), te subes tú la bolsa al restaurante y te lo cocinan a tu gusto. No entiendo muy bien el concepto del háztelo tú mismo, la verdad: te cobran casi 5 euros por cocinártelo, guarniciones aparte.
La hamburguesa de presa (10,30) lleva tomate, cebolla y lechuga, y viene acompañada de patatas fritas y con un pan especial. Me resultó sosa, la carne no sabía a nada, a pesar de echarle ketchup y varias mostazas que te colocan en la mesa. Un fallo.
Los postres están muy ricos: probamos el sorbete de limón (2,60) y el arroz con leche (2,60), y (arriba) tarta fina de manzana (3,50) y cheesecake con helado de fresa (3,50).
Aacabamos dando una vuelta por la feria del libro en el Retiro, donde han instalado esta rampa-tobogán dentro del Palacio de cristal...

1 comentario:

Anónimo dijo...

El restaurante? vaya desorden gastronómico. Es un asco comer en la supuesta terraza hermeticamente cerrada con aspersores de agua sobre tu comida cada 20 segundos, es lo más desagradable que he podido experimentar en verano.
Para rematar la faena he pedido una carne que me ha dejado tan mal que no he dejado de ir al servicio.
En resumen tengan cuidado