(crítica de La odisea, peliculón de Christopher Nolan)
La odisea (The Odyssey) se ve con otros ojos si una sabe de antemano que Christopher Nolan llevaba 20 años con la ambición de hacerla. Para disfrutarla hay que huir de la rigurosidad histórica y de los memes que han infectado este mundo de haters que nos ha tocado vivir. Los protas son todos guapos y famosos, hablan perfecto inglés, no hay un solo actor griego, Lupita es Helena de Troya y Agamenón parece Batman. Ok, lo hemos pillado. Me olvido. A mí La odisea me interesa por su espectacularidad.
Una superproducción de Hollywood como las de antes, pero mejor, con sus cámaras IMAX (que Nolan usó por primera vez en El caballero oscuro), su fotografía infinita donde parece que se rompan los encuadres y con la apabullante sensación todo el rato de que estás viendo algo enorme y muy currado. Nolan consigue una experiencia inmersiva acojonante, con una sucesión non stop de imágenes potentísimas, primeros planos que sobrecogen y en donde todo se hace a lo bestia. Pero con sentido.
Porque esa es la épica que buscaba Nolan y eso es lo que ha conseguido, hacernos sentir pequeñitos ante la gran historia de la mitología clásica griega, el origen de nuestra cultura occidental y de su propio cine. La historia que ha marcado y definido la carrera de Nolan. El director, que se quedó con las ganas de dirigir Troya hace dos décadas, se sacude el traumita y se marca un ambicioso blockbuster lleno de espectáculo y emoción, con cientos de extras y saltos temporales. La epopeya protagonizada por un musculado Matt Damon cual héroe de Marvel reúne todo lo que quiero ver cuando voy al cine a ver una de aventuras: hay grandes ideas, hay acción ensoñadora, hay humanos y dioses, y elementos mágicos, y monstruos y villanos a los que odiar, y venganza y alucinaciones. Un enorme presupuesto invertido en localizaciones naturales por medio mundo y en una historia que gira en torno al regreso del héroe, sí, pero también (y sobre todo) a la familia.
Como con los protas de Origen o Interstellar, Odiseo quiere regresar junto a los suyos, su mujer y su hijo (una Penélope Anne Hathaway pelín sobreactuada y Tom Holland muy Telémaco, aniñado). Para conseguirlo sufriremos con él durante tres horas (que a mí se me pasaron volando). Tendrá que vencer a un pastor cíclope, a sirenas chungas, gigantes de hierro y hasta a una bruja cochinera, consiguiendo con maestría mezclar todos los géneros posibles (drama, comedia, acción, terror, fantasía…). Y con un cabrón Robert Pattinson, que lo borda como antagonista, y un par de colaboraciones con girito wtf (la Atenea Zendaya y una Charlize Theron como Calipso cuya colaboración a lo perfume de Dior es lo que menos me interesa).
En fin, a mí La odisea me ha gustado, con sus saltos en el tiempo, sus flashbacks y sus reflexiones atemporales. Sin ser yo gran defensora del cine del director, ojo. La odisea es la epopeya con superhéroes firmada por Nolan que mezcla con astucia la mitología y sus parábolas, con el cine épico, lleno de acción y buena dosis de venganza.
[La odisea se estrena en cines este viernes]
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