29.2.16

Crítica. La habitación: historia de un secuestro con Brie Larson

No es una película de terror pero saber que eso ha pasado, que sabemos que sigue pasando y que en el futuro habrá más casos iguales o aún peores da asco y verguenza. Me negaba a ver La habitación porque pensé que sería un drama lacrimógeno sin esperanza. Todo lo contrario. La primera mitad de la película dirigida por Lenny Abrahamson es la breve pero intensa historia de una mujer secuestrada en un cuarto junto a su hijo de cinco años. Ella le ha protegido durante todo ese tiempo, hasta que el niño pregunta y se interesa, empieza a entender el mundo que le rodea, y ella, exhausta, decide intentar escapar. La música acompaña como a una fábula lo que es un drama de tomo y lomo, pues vemos al secuestrador entrar en el cuarto, intuímos las violaciones, que no se ven, y conocemos sin muchos datos la amarga experiencia por la que está pasando la joven. El espectador es como ese niño encerrado en el armario, que primero ve entre las ranuras del cubículo y luego asoma la cabeza para sentir el puñetazo de realidad. Me animé a ver la película porque sabemos que ella escapa, ¿cómo lo hará? El drama se transforma en suspense, en acción, para llegar a una segunda parte en la que madre e hijo se enfrentan a su nueva vida fuera del cautiverio, libres. ¿Está la sociedad, la familia, los medios de comunicación, preparados para acoger tanto dolor? Y aquí la esperanza brilla sobre unos personajes que se dejan querer. Brie Larson está magnífica y el pequeño Jacob Tremblay podría ser uno de esos futuros grandes intérpretes que ahora nos conmueven por su inocencia. Llena de matices, de encuadres y de frases contundentes sobre la existencia humana, La habitación puede recordar a películas como La vida es bella donde el progenitor, protector, inventa otros mundos, aunque en esta ocasión la necesidad obliga a mostrar la realidad para enfrentarse a ella.

Brie Larson ha ganado el Oscar por La habitación.