7.5.16

Entrevista Belén Rueda por La noche que mi madre mató a mi padre, Orbita 9 y La embajada

En el cuarto número de la revista Club Renfe (mayo 2016), con portada de Bruce Springsteen, podéis leer mi entrevista a la actriz Belén Rueda que me habla de sus últimas películas La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París, y Órbita 9, de Hatem Khraiche, y de la serie La embajada, de Antena 3. Además, cuenta algunas anécdotas sobre sus viajes, por supuesto, algunos de ellos, en tren.



La entrevista completa a Belén Rueda:
Han pasado doce años desde que ganase un premio Goya por Mar adentro, su debut cinematográfico. Ahora se atreve con una comedia, La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París. Además, rueda el thriller futurista Órbita 9 y la nueva serie de Antena 3 La embajada. El viaje no ha hecho más que empezar… Se considera una mujer con suerte, pues trabajo no le falta en una industria que cierra puertas a las actrices veteranas. Natural y con una energía que contagia, Belén Rueda (Madrid, 1965) alterna cine y televisión, y está decidida a seguir arriesgando, lanzándose a la comedia con La noche que mi madre mató a mi padre, de Inés París.

Con ese título, La noche que mi madre mató a mi padre, el espectador debe prepararse para una velada “movidita”, ¿no? Es una comedia de enredo, pero muy real. Isabel, mi personaje, es una actriz capaz de hacer cualquier cosa por conseguir un papel en un momento de decadencia en su carrera. La situación se le escapa de las manos y es el mismo drama el que te hace reír.

Su personaje no consigue papeles en el cine por su edad… ¡Ya tiene crisis a los 40! Hay una reflexión en torno a este momento, aunque yo ya tenga 51. Isabel parece seguir teniendo posibilidades en teatro a pesar de su edad, pero en el cine ya está descartada incluso por aquellos que son cercanos a ella, como la productora (María Pujalte) y el guionista, que es su marido (Eduard Fernández). Sin embargo, al actor Diego Peretti, que hace de sí mismo, le parece perfecto que Isabel sea la protagonista del filme que preparan.

¿Y se ha sentido identificada? Me considero una mujer con suerte. Si vemos el panorama de cine español sí hay una diferencia entre los actores y las actrices que han cumplido cierta edad. Yo no soy el gran ejemplo, pero sí rompo una lanza a favor de que se puedan contar historias que interesen a todo tipo de público. Por no hablar de que los sueldos son también diferentes. Es que me parece tan increíble seguir hablando de esto… pero hay que seguir recordándolo.

¿Cómo se ha visto haciendo comedia? Me tranquilizaba rodar mi primera comedia en cine con alguien como Inés París que domina el ritmo. La gente se cree que es más fácil hacer reír que llorar… pero es muy complicado y tenía un poco de miedo. Cuando comenzamos le dije: “Me pongo en tus manos completamente”.

¿Y se arrepiente de haber hecho tal cosa? (risas) Hay una escena con Patricia Montero, muy teatral, en la que tengo que hacer de actriz exagerada y de sentirlo muchísimo. Me dijo Inés que estaba genial, que confiara en ella, pero yo la vi excesiva, me parecía demasiado. Ella, al contrario, me decía: “Más y más y más”. Y yo, que tiendo al naturalismo, que tengo los pies muy en la tierra, me veía y decía: “¡Socorro!, ¿qué es esto?”.

¿Le gustaría seguir explorando este género? Me encantaría rodar más comedias, pero como me decía Inés, se necesita muchísima energía. La energía me sobra, pero como no tengas un director que te sepa transmitir el ritmo adecuado…

¿Cómo ha sido trabajar por primera vez en el cine a las órdenes de una mujer? Es cierto que había coincidido con la directora Belén Macías antes, pero fue en una serie, La princesa de Éboli. Sinceramente, no creo que sea diferente rodar con hombres que con mujeres. Inés tiene una sensibilidad especial porque es una mujer muy luchadora, con energía, independiente en lo personal pero muy de equipo trabajando. Me llamó la atención que reivindicara que sus decisiones no son tomadas al azar, que son meditadas. Como si dijera: “Lo tengo claro y lo voy a hacer así”. Eso no lo he visto trabajando con hombres.

Cuénteme cómo fue bailar un tango con Diego Peretti… Fue muy curioso porque Diego no entendía por qué le hacíamos bailar un tango. “No todos los argentinos sabemos hacerlo”, nos decía. Es como si los españoles bailásemos todos sevillanas. Tuvimos una profesora, pero cuando has hecho ballet como yo resulta más fácil. Además, ya había bailado un tango en Periodistas…

Hablando de Periodistas, también coincide tras la serie con María Pujalte, ¿cómo ha sido el reencuentro? Ha sido maravilloso. Trabajar con María es sencillo, es una maestra de la comedia. Y resulta que, además, teníamos los mismos hábitos. Como estábamos en Valencia, nos levantábamos pronto y nos íbamos en bicicleta desde el hotel que estaba en el interior hasta la playa. Eran bastantes kilómetros e intentábamos hacerlo todos los días, aunque a veces no era posible porque estábamos agotadas. Rodábamos de cinco de la tarde a cinco de la madrugada, todos los días. A las dos y media nos entraba a todos una pájara…

Después de un rodaje tan intenso, ¿cómo desconecta? Me gusta mucho viajar, así que si puedo hacerlo voy a lugares en los que no tenga que pensar mucho, en los que me pueda relajar. Intento ir una vez al año a Nueva York. Puede parecer una ciudad estresante, pero no lo es porque me la conozco mucho, tengo mis sitios de referencia. Pero si no lo conozco… me estresa un poco. Te voy a decir una cosa que es significativa: hasta que no estoy dentro del avión no me siento tranquila porque me digo: “¿A que me he equivocado?”.

Rueda el thriller futurista Órbita 9 en Colombia y la serie de Antena 3 La embajada está ambientada en Tailandia, ¿cómo ha sido la experiencia? Me hubiera encantado ir a Tailandia, pero no ha sido el caso. Tenemos un equipo de efectos especiales que ha recreado las playas en Alcobendas, con un frío que te pelas, de ahí que tenga esta voz. Cuando estuve en Medellín, al contrario, hacía mucho calor y a pesar de lo que se pudiera pensar nos sentimos muy seguros. Eso sí, me aconsejaron no salir sola a la calle.

¿Un viaje que le haya dejado huella? Hace dos años en Otavalo, en Ecuador, fui con la ONG Guaguacuna, de unas amigas de Alicante que conozco desde que éramos pequeñas. Este tipo de viajes te cambia la vida totalmente porque te das cuenta de que con muy poco la gente busca su felicidad en el día a día. Las cosas por las que te agobias aquí son de lo más naturales allí. Conocí a Alfonso Castells, un franciscano que cuidaba a niños abandonados con VIH. Murió este año. Dicen que nadie es imprescindible, pero Alfonso lo era.

¿Y cuando viaja por España, cómo lo hace? Cojo el tren a menudo, es esencial cuando trabajo. Me gusta mucho ir a esquiar a los Pirineos con mi familia, y si tengo que seguir trabajando, tomo en Lleida el AVE y me planto en Madrid sin darme cuenta. El tren me permite que en muy poco tiempo pueda ir a ciudades donde trabajo y regresar junto a mi familia.

¿Qué es lo más gracioso que le ha pasado en un tren? Cuando voy en tren suelo aprovechar para leer algún libro. Pero, a veces, he viajado en el AVE y ha coincidido que han puesto una de mis películas. Y cuando he ido a la cafetería a tomar algo, claro, la gente me ve pasar y se quedan un poco alucinados…

Se sentirían como la protagonista de La rosa púrpura de El Cairo, con usted fuera de la pantalla… En el AVE la gente siempre es muy simpática, con mucha gracia. Recuerdo que de una manera muy natural en una ocasión en la que pusieron El orfanato o Los ojos de Julia me decían al pasar: “Lo estás pasando fatal”…