10.5.16

Opinión. The People v OJ Simpson: American Crime Story

Netflix emite en España The People vs OJ Simpson desde el 1 de noviembre.

Recuerdo la paliza a Rodney King. En aquella época escuchaba mucho rap, mucho black power en las letras de las canciones. Hasta entonces no habíamos presenciado una paliza tan brutal con total impunidad. Los policías blancos salieron de rositas del juicio. Y se lió una buena. Recuerdo cómo me impactó el revuelo que se montó en Los Ángeles. Negros devolviéndosela a los blancos simplemente por el hecho de ser blancos. Una batalla campal y racial. Había estado hacía poco en Los Ángeles y me imaginé en una situación así. Yo era una mujer blanca que escuchaba a NWA, que se hubiera puesto del lado de los negros, que estaba en contra de la brutalidad policial. Fuck tha Police.


Este demencial episodio, uno más, de la historia de EE UU, abre la primera entrega de American Crime Story, la dedicada al caso OJ Simpson. En ese ambiente enrarecido, otro negro volvía a ser señalado “injustamente” con el dedo blanco acusador. El que fuera adorado deportista y actor taquillero había matado salvajemente a su ex mujer Nicole Brown y a un amigo de ésta (Ronald Goldman). O no. Aún hoy ese “o no” sigue siendo un “o sí” para mucha gente. Porque OJ Simpson salió no culpable del, posiblemente, juicio más mediático o, al menos, del primero que mantuvo en vilo al país entero. Que las víctimas fueran blancos indignó a los blancos. Que el acusado fuera negro indignó a los negros. Daba igual que el susodicho negro viviese como un blanco, en un barrio de blancos, dando la espalda a los negros. Otra batalla campal y racial, esta vez, en los juzgados.

Un largo juicio que los creadores de The People v OJ Simpson van analizando a través de los que fueron sus protagonistas, la mayoría, surrealistas, parecen caricaturas de sí mismos. Pero debieron ser así, empezando por el propio OJ Simpson (Cuba Gooding Jr), hoy día encarcelado por otro crimen que cometería más adelante. ¿Justicia poética? A saber. Lo que deja entrever esta miniserie es que, a pesar de salir libre, OJ Simpson era culpable. No lo dice así, pero el peso de la duda recae en los hombros del personaje de David Schwimmer, su mejor amigo, el que fuera padre de Kim Kardashian y demás tropa. Robert Kardashian comienza creyendo en su amigo y acaba distanciándose, hasta el punto de no querer saber nada de él. En este aspecto, la sombra de Ryan Murphy es alargada, pues peca de frivolón cuando intenta colarnos a las niñas Kardashian y la fascinación que les provoca todo el movidón de ver continuamente a su padre en la tele. A pesar de que éste les educó para que se alejaran del foco, cosa en la que se insiste en la miniserie, si el padre, que murió joven, levantara la cabeza lo fliparía.

Además, tras American Horror Story, Ryan Murphy se ha empapado, pero bien, de este tipo de “american crime”. En American Crime Story impone su estilo musical y se deleita con esas secuencias de planos imposibles. La miniserie me ha parecido entretenida, aunque, tras ver cada episodio, me quedaba la sensación de que podría haber sido mucho mejor, una serie excelente. Es decir, como consumo rápido está genial, para comentar con una cerveza y decidir si OJ es o no es culpable, y comentar ese ambiente enrarecido, y esos juicios de traca y hablar de lo mal que lo debió pasar Marcia Clark con su peinado. Pero es eso que me hace tanta gracia lo que le resta enjundia a la miniserie, lo que la hace olvidable fácilmente.

Terminé de ver esta primera entrega de American Crime Story cuando acabó hace unas semanas y ahora que escribo sobre ella, recuerdo sólo las tonterías, la anécdota. El episodio entero de la persecución policial que se me hizo eterno y el puto Bronco, el tema de las niñatas Kardashian, la permanente de la fiscal, su flirteo reprimido con su ayudante negro, el punto fiestero y gañán de OJ, la cara de alelado de David Schwimmer, John Travolta dándolo todo (tal vez, demasiado, como Robert Shapiro), Johnnie Cochran (Courtney B. Vance) y sus líos maritales, el maldito guante… Como si American Crime Story hubiese sido pensada para una audiencia joven a la que hay que enganchar con fruslerías, con momentos icónicos al detalle.

Para una sociedad obsesionada con el crimen, American Crime Story es un caramelo, un docudrama en el que resuenan temas universales como el racismo, el sexismo y la fama, la injusticia y los medios (ay, los medios). En su momento, El pueblo contra Larry Flynt fue un bombazo. Sus guionistas firman de nuevo una historia polémica, pero en mi opinión narrada con un estilo que debería haberse alejado del tono paródico (¿sería sin pretenderlo?, yo no lo creo). La historia de OJ es ya de por sí rocambolesca. No hacía falta más. Hubiera preferido menos detalle sensacionalista e innecesario y más profundidad en algunos personajes o tramas que no me convencen nada. O, tal vez sea que no me creo las interpretaciones de estos actores tan famosos. Veo a Travolta o a Schwimmer y se me tuerce el gesto. Sin embargo, a Courtney B. Vance me lo creo todo. Si el juicio fue una pesadilla para todos sus implicados, está bien contarlo, pero la miniserie parece cebarse en lo que resulta más enfermizo o surrealista. En el caso de OJ Simpson nunca se habló de pena de muerte ni Marcia Clark llevó el caso en solitario. Detalles reales que se tergiversan porque funcionan en televisión. Tal vez me esperase nuevas conclusiones sobre el caso, pero es sólo la visión farandulera del libro de Jeffrey Toobin, The Run of His Life. Espero que el tema del huracán Katrina se lo tomen con menos ligereza.