Torrente presidente (2025) ya está en cines.
Para escribir esta entrada he tirado de hemeroteca. No recordaba cuando vi el último Torrente. Fue en 2014, con su Operación Eurovegas. A lo tonto hemos crecido con este policía muy fan del Fary pero poco del Fairy. Sigue siendo igual de guarro y anclado a sus costumbres, pero el que ha cambiado porque no le ha tocado otra es Santiago Segura, siempre un tipo listo que sabe cómo tocar la tecla. Ya contó antes con Jesulín, Alec Baldwin, Esteso, Paquirrín, Gabino Diego, José Luis Moreno, Neus Asensi… por qué cambiar a su séquito si eso le puede inyectar su punto de nostalgia. La vuelta de tuerca la trae la política, emponzoñada como está ahora, un caldo de cultivo en el que todo vale y cualquier chascarrillo polarizado ya no pasa por broma, al contrario, aunque el filme sea una sátira parece muy real. Segura se ha hecho mayor, su personaje sigue diciendo sandeces, sí, pero se ha quedado chapado a la antigua y resulta ser muy bocachanclas pero menos fascista que los de Nox (Vox en la ficción) y menos malo que los más malos (todos somos marionetas de un sistema mundial imposible de controlar). Segura se ha hecho padre y saca a su hija dándole patadas al yonki Gabino Diego porque ahora las chicas se defienden solas mientras bailan Tik Tok. Contra todo pronóstico Torrente defiende a los gays, aunque no lo haga con mucha delicadeza, pero ahí está. Sigue insultando (gorda, subnormal, pagafantas) pero intenta entender a Susi Caramelo gurú que trabaja para llevarle por el supuesto buen camino. Y así vamos saltando de cameo en cameo, cual programa de fin de año de Jose Mota, de gag en gag viendo cómo asciende esa ultraderecha tan enfermiza como tristemente real. El último Torrente que más recuerdo fue el de 2011 (Torrente crisis letal) no solo por el cameo de Carmen de Mairena (me descojoné la verdad), sino porque hizo madrugar a los medios y nos convocó a las 8.30 de la mañana para evitar filtraciones. En ese momento no había redes sociales ni la ansiedad adolescente por exponer las escenas en Tik Tok como está ocurriendo. Ahora el pase de prensa ha sido un lunes tras el apabullante estreno del viernes. Segura revienta taquillas y no necesita la promo, parece decir. Eso sí esta noche iba al Hormiguero (que el Hormiguero sale en la película). Pero ha conseguido de rebote que me divierta más la repercusión que está teniendo su estrategia de marketing que la propia película en sí (hay algunos tuits que podrían haber formado parte de un guion algunas veces perezoso). Segura sigue tirando de cameos de gente que media España odia o admira, y consigue hacer creer seas del bando que seas que la peli va contigo y apoya tu forma de pensar. En el pase al que he ido había muchos más hombres que mujeres, la edad media podía haber visto tranquilamente la primera entrega en cines y se han escuchado sonoras carcajadas. A ver, yo no me he reído, pero tampoco me ha importado porque he seguido atenta al desaguisado de personaje que sigue manteniendo con honestidad a pesar de los años, dándole cera a todo el mundo. Torrente refleja como nunca antes el mundo que nos ha tocado vivir, y Segura se ha marcado una suerte de estudio sociológico de este panorama dominado por gentuza de todo tipo, desde políticos maquiavélicos y periodistas sin escrúpulos a individuos que no tienen donde caerse muertos que siguen creyendo que pueden cambiar las cosas. Da igual de qué bando seas. Aquí Quijote y Sancho deambulan por Madrid creyéndose sus propias fantasías (o fake news). Los perdedores ganan pero a qué precio.

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