Para hablar de El día de la revelación lógico tirar de hemeroteca y recordar lo que significó en su momento (y siempre) Encuentros en la tercera fase. Aquello fue y es un peliculón. 40 años después (que se dice pronto), Steven Spielberg se impone el reto de contarnos más o menos lo mismo pero en un escenario y con unos protas bien distintos (los humanos estamos enfadados, muy enfadados entre nosotros mismos). Ya no tenemos a un tipo traumatizado/obsesionado con los platillos volantes que ha visto, sino a una mujer obsesionada con encontrar la verdad de ahí fuera sin saber muy bien qué le empuja a ello. Esa parte de suspense está muy bien, muy Shyamalan. Qué esconde esta sofisticada señora que parece sacada de El diablo viste de Prada (oh wait).
El guion de ambas pelis es del propio Spielberg, ahora ayudado por David Koepp, aficionado a enmarañar las historias con multitud de personajes. Lo mejor y lo peor de El día de la revelación es que pasan muchas cosas al mismo tiempo todo el rato. Si te interesan todas, bien; pero a mí se me hace larga porque me entretiene más la mirada desde la ingenuidad de Emily Blunt, que el acoso que sufre el personaje listillo encarnado por Josh O’Connor, esencialmente porque Colin Firth parece un villano desgastado de Los Vengadores. Empatizo con Margaret y me divierte más su historia, aunque estoy agotada de ver a estas mujeres fuertes que nos quieren hacer creer en el guion que son más empoderadas porque sus parejas son lerdas (cansino Wyatt Russell, de verdad).
Una mujer del tiempo además para que Spielberg pueda tener un altavoz la mar de chulo en la tele y poder contar su historia (la tele como medio de referencia alejado de las mentiras de las fake news, que el enfado va todo en el mismo pack). Hay mucho movimiento de cámara raruno y supongo que por edad, un exaltado homenaje al legendario Roswell, pero casi todo me interesa, sobre todo cuando los dos protas unen fuerzas y ya va la cosa un poco más encaminada.
En resumen, es una película que puede dar conversación (sobre todo en su final), con una elegante y luminosa puesta en escena combinada con acción trepidante y personajes con alma. Al igual que con Encuentros en la tercera fase, Spielberg nos deja con ganas de saber qué ocurrirá tras ese Día de la revelación.



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