(subida originalmente el 17 de enero; esta entrada se ha actualizado)
Arranco esta entrada con las series (algunas las echaremos de menos) que se despidieron con su última temporada. Estas son las series que dijeron adiós en 2025.
En esta entrada iré añadiendo las listas de 2024 de las mejores películas del año (y donde se pueden ver en cine y plataformas en streaming). Incluiré también la mía.
Veo Love Life (HBO) entera. Me acuerdo de Modern Love (Amazon, 2019) de la que no escribí en el blog en su momento y me sale esto.
Anna Kendrick tiene sus fans. Yo no soy una de ellas. Aquí es absoluta protagonista. Love Life, creada por Sam Boyd, sigue a lo largo de 10 episodios a una treinteañera siempre con la sonrisa en los labios y la actitud perfecta en el trabajo, pero que anda perdida si se trata de amores: cuando la dejan se compadece de sí misma, llora, deja pasar bastante tiempo y vuelve a tropezar en la misma piedra. Cada episodio tiene el nombre de uno de esos novios, hasta que el guionista se cansa y decide llamarlos como una amiga, la madre y "la persona". Es decir, Love Life comienza con las rupturas de esta chica, cómo asciende a nivel profesional como galerista en Nueva York, para rascar un poco en el pasado (con un episodio flashback) y quedarse embarazada (algo que adelanta el final del primer episodio, como previniendo al espectador de que esa es la meta o el propósito).
Perdonadme pero en #LoveLife Anna Kendrick parece una niña pequeña (tanto física como mentalmente). No entiendo los estilismos ni ese rollo de chica sumisa en lo personal pero guerrera en lo profesional. Su amiga (Zoë Chao, que sale tb en Personal Assistant) le da mil vueltas
El hecho de convertirse en madre parece ser la solución a todos sus problemas amorosos, lo cual es triste. Y la serie te da a entender que en el momento en el que pasa de buscar el amor, encuentra al hombre perfecto. Todo esto deprisa y corriendo en el último episodio, cuando además tiene su propia galería, se lleva bien con todo el mundo y parece ser feliz. Me doy cuenta que no he empatizado con ella (ni al principio cuando es patética ni al final cuando es menos patética) porque no me alegro porque la vida le vaya bien. Me da igual. No he entendido cómo ha llegado hasta ahí si solo ha llorado y llorado sin más.
En #LoveLife la gente cocina comida casera para una cena. La prota lo que lleva es algo comprado en una tienda (nada apetecible): "the shitty store-bought ones". No entiendo el subtitulado en español. ¿Qué es "el pencoso" comprado? pic.twitter.com/OP6U7QiRVo
En español, la voz en off que recorre todos los episodios es la de Carrie en Sexo en Nueva York, pero esta chica no es la Bradshaw (la que narra Love Life no es la prota, es alguien que la conoce y cuenta su historia). Es como si una émula de la peor Meg Ryan escribiera la columna de Carrie. Aparecen estadísticas de divorcios al inicio. El mismo sofá que Cuando Harry encontró a Sally, pero hablando de parejas que lo han dejado. En ese momento creo que va a ser una serie valiente, original, pero no lo es. La prota se muestra como una niña (¡que tiene 35 palos!) que no ha superado tener a unos padres divorciados, que se amolda a sus parejas olvidándose de ella, que se sorprende cuando es capaz de acostarse con un tío y pasar de él (yo alucino mucho). "No es la época de Jane Austen", dice su amiga lesbiana. Pues hija, para esta chica, sí. "He visto muchas pelis de Hugh Grant", dice su mejor amiga de rasgos asiáticos (lo mejor de la serie). Pues prefiero seguir viendo las rom com con Hugh Grant, en efecto. La serie comienza y acaba con una boda (algo taaaaaan obvio), tenemos al novio chef que da pena, una de las peores mentiras que he escuchado (decir que se tiene cáncer porque no te hacen casito), una despedida de solteras lesbianas rodeadas de strippers, alcoholismo y varias escenas de vergüenza ajena (como esa en la que se hace 10 pruebas de embarazo o esa otra en la que se sale del piso y duerme en el pasillo porque el bebé llora muy fuerte). La he visto entera porque muestra Nueva York y siempre me gusta ver los sitios en los que he estado o me gustaría estar, pero la historia está caduca y Anna Kendrick es repelente.
Y he pensado entonces en otras series sobre el amor mucho más potentes, de las que he hablado en el blog, como Love(sobre una pareja que no tiene mucho que ver de inicio) y Man Seeking Woman (una puta locura de serie), aunque en general suelen ser bastante reguleras (recuerdo Love Bites, Mad Love, A to Z, Selfie y Manhattan Love Story). De entre todo este maremagnum de rom com televisivas una ha destacado en 2019: la serie de Amazon Modern Love. No había escrito sobre ella en el blog así que aprovecho.
No las comparo porque Love Life y Modern Love no tienen nada que ver (aunque esta también está basada en la infame columna de Terri Cheney en el New York Times, como en Sexo en Nueva York), pero sí comparten la intención: mostrar cómo el amor, paradójicamente, puede hacer que enfermes o sanarte. Modern Love no sigue a un único personaje castaña (aunque Love Life habla de la pareja de lesbianas y la amiga con novio, tampoco profundiza en exceso) sino que muestra diferentes perspectivas del amor, en diferentes edades y momentos vitales. Love Life deja caer que la media naranja debe llegar en el momento adecuado. En los ocho episodios de Modern Love asistimos a un abanico de posibilidades (no solo habla del amor romántico) y aquí sí es fácil empatizar con alguna de sus historias.
Mi ranking de episodios de Modern Love 2>3>1>8>7>4>6>5
1. Una soltera madre primeriza (Cristin Milioti) cuyo portero del edificio en el que vive se preocupa por ella (amor maternal y paternal). La historia, al menos, es original.
2.Una pareja que se ve años después, el amor inacabado, el más puro y concentrado. Con Catherine Keener, Andy García y Dev Patel. Para mí, el mejor.
3.Del flechazo a la depresión, la prota (Anne Hathaway) vive en un musical pero cuando le viene el bajón se bloquea, bipolar. Muy, muy buena la interpretación de la actriz.
4.Una pareja que no se soporta, que saca lo peor del otro. Tina Fey y John Slattery, dirige y escribe Sharon Horgan. Una pena que sea un poco rollo con los talents que tiene.
5.Un loser que toma antidepresivos se enrolla con una tía que atrae las miradas. John Gallagher Jr (que aparece también en Love Life como la versión adulta del primer niño que rompió el corazón a la prota) y Sofia Boutella. Para mí, el peor. No sé qué me quiere contar (el rollo loser está manido).
6.Él es mayor que ella, cariño de padre. Julia Garner y Shea Whigham, dirige Emmy Rossum. Grandes actuaciones, poco más.
7.Una pareja de gays tiene un hijo a través de un vientre de alquiler. Andrew Scott, Brandon Kyle Goodman y Olivia Cooke, aparece el cantante Ed Sheeran. Interesante perspectiva.
8.Amor en la vejez. Aprender a transigir.Nunca es tarde para el amor, tampoco para esta viuda (Jane Alexander). Al final llueve y todos los personajes aparecen en diferentes momentos, al estilo This is Us. Te rompe por completo.
Con Modern Love Amazon se ha hecho a medida su propia This is Us. Los ochos episodios de Modern Love están creados para tocar la fibra. No hay que ser un sentimental para creer que parte de nuestra felicidad está en la conexión con los otros. Este "amor moderno" puede ser romántico, sí, pero también platónico, fraternal, y, sobre todo, incondicional. He de reconocer que he disfrutado mucho (y he llorado, incluso) con aquellas relaciones inacabadas, con cierto matiz de infelicidad, que demuestran nuestra vulnerabilidad, como en los episodios 2, mi favorito, protagonizado por Catherine Keener y Dev Patel, y el primero, con Cristin Milioti, una joven solitaria que recibe el apoyo incondicional del portero de su edificio. Pero si hay un episodio que destaca con fuerza sobre los demás es el tercero, el protagonizado por Anne Hathaway, con la actriz interpretando a la misma mujer, siendo pletórica o estando hundida, un análisis inaudito de la depresión, que me ha parecido formidable. John Carney dirige los tres primeros episodios, tal vez, los mejores de esta primera temporada que será antología (ya hay confirmada una segunda entrega).
Lloré con todos los episodios, sí.
Opinión sobre los episodios de la segunda temporada aquí.
¿Habéis llorado con los episodios de #ModernLove o es que tengo el día tonto?
Ni Hacienda pudo con ella. Habló sin tapujos de sexo y de drogas. Fue marca España, defensora del colectivo gay, pionera del rap e inventora del crowdfunding. Una mujer hecha a sí misma.
Siempre ‘echá’ para adelante. Genio y figura, Lola Flores (1923-1995) sigue siendo única, un legado vivo en el 25 aniversario de su muerte. “Cómo me las maravillaría yo” que la ‘Lola de España’ fue capaz de reinventarse, con mucho arte y una energía inagotable que transmitía con sus ojos de pantera. ‘La Faraona’ –apodo que a ella nunca le gustó porque “suena a momia”– supo combinar su repertorio de rumbas, coplas y fandangos con entrevistas trufadas de chascarrillos e insólitas reflexiones que no hacían sino aumentar aún más su popularidad. Logró ser versátil sin caer en el ridículo. Y nos regaló algunos momentazos televisivos.
Se acostó con un admirador por dinero
Un año antes de su muerte, Lola Flores protagonizó en 1994 ‘El coraje de vivir’, un documental biográfico de cuatro episodios que Antena 3 emitió los domingos de madrugada. A pesar del horario canalla y del abuso del monólogo mirando a cámara, el programa arrasó en audiencia. La clave estuvo en alguna de sus jugosas confesiones, narradas con total naturalidad. La jerezana desveló por ejemplo cómo fue su primera vez. Relató que perdió la virginidad en una pensión en Valladolid con un guitarrista que le acompañaba en la gira. Y todo porque su madre los había dejado solos, al volver a Madrid a cuidar de su hermana Carmen enferma. “Hice el amor por primera vez en mi vida con ‘El Niño’ Ricardo. Así de simple”, dice rotunda, para acto seguido confesar cómo aceptó dinero a cambio de sexo. Como no ganaba “lo que creía merecer” y debía ayudar económicamente a su familia, reconoció que al regresar a la capital se acostó con un admirador a cambio de nada menos que 50.000 pesetas. “No estaba dispuesta a dejarme querer si no era por alguna compensación de dinero. Eso lo tenía muy claro (…) Me citó en el hotel Nacional y allí acudí a pagar con mi cuerpo la deuda contraída”.
Si la quieres ver en su salsa, nada como las tomas falsas de este programa.
Tomaba drogas pero con “método”…
Ya lo decía Jesús Quintero, que no había nadie como ella. Tampoco había nadie como él para sacarle sus mejores perlas. Lo hizo en ‘El perro verde’, en 1988, donde Lola habló de una adicción que vivió en primera persona con su hijo Antonio Flores. “El drogadicto no se cura si él no quiere”. “El que vende la droga no la toma, solo se embolsa el dinero”. “He vivido esa experiencia desgraciadamente. Pero era una pantera negra, lo de Hacienda es nada. Yo iba para el manicomio. La inocentada de un niño que lo tenía todo y quiso saber lo malo”. A pesar de superar su adicción, el padre de Alba Flores, actriz de ‘La casa de papel’, moriría con 33 años 15 días después que su madre debido a una sobredosis.
Gracias a Quintero también pudimos conocer “el método” de la folclórica para no pasarse de la raya. “Un día puedes meterte una rayita o fumarte un porro y no pasa nada. Todo se puede hacer en la vida, pero con método. Luego tres días tranquilo, bebiendo agua mineral, comiendo puchero o una pringá. Lo demás es la destrucción”. Escuchar hablar así a una famosa patria resulta increíble. “He probado la cocaína, el porro por risas, aunque no me gusta. También el whisky y el vino tinto. Yo me emborracho de bulerías. Eso lo puede hacer todo el mundo. Pero hay que cuidarse”.
… y supo escapar de una relación tóxica
Un año después, en el programa ‘Tres más una’ (Canal Sur) en una entrevista con Andrés Aberasturi, el director José Luis Garci y el dibujante Forges, Lola Flores fue un paso más allá al revelar detalles de su relación con las drogas en los años 40 cuando mantuvo una complicada (y mediática) historia de amor con el cantante Manolo Caracol, casado y padre de familia. Les separaban 20 años.
Un idilio que comenzó, como ella contó en el programa ‘Cantares’ (TVE) en 1978 cuando le contrató por 550 pesetas para su espectáculo. Fueron una fuente de inspiración el uno para el otro y supieron conectar. De cara al público el hombre casado enamorado de una joven daba mucho morbo.
De haber seguido juntos, comentó, “hubiese terminado como él, muy mal. Pero tuve sentido común. Con 16 años me tomaba vasos de coñac, no dormía… Era un hombre muy difícil de llevar. Acabó mal porque fue un hombre muy vicioso en todo”. Y la cantante se toca la nariz afirmando “en aquella época ya había droga. Yo he visto platos en Barcelona llenos de coca pura, no como ahora que la meten con metanfetamina, así en una reunión, yo una niña. Siempre ha habido de todo, pero se ha hecho con más pudor y vergüenza, no con tanta desfachatez como ahora”. Después de ocho años, la cantante dejaría a Caracol y se iría de gira por América.
Le gustaba el hombre “muy, muy, muy macho”
No había entrevista en la que no le preguntaran a Lola Flores por los hombres de su vida y ella entraba al trapo regalando maravillosa reflexiones. “Para los hombres he sido muy especial. Me gusta la belleza mucho, los ojos importantes, la limpieza, la verdad, que no sea falso”, le contó en 1993 a Raffaella Carrá en su programa ‘Hola Raffaella’ (TVE), remarcando al final: “Y que sea muy macho, muy macho, muy macho…”, mientras la italiana le preguntaba por un posible marido para su hija Rosario dándole a elegir entre Los Morancos o Miguel Bosé que se partían de la risa. Si sigues viendo el vídeo verás que se unen al grupo nada menos que Marianico el Corto y Loles León. Era lo que tenían estos programas batiburrillo donde cualquier cosa era posible.
A finales de los 50, en sus años de bonanza financiera, la Faraona mantuvo un idilio con el galán del momento, Ricardo Montalbán. Ante el escándalo, ella afirmó: "Virgen sólo ha habido una, y ésa es la virgen María". Además, como cuenta ‘Los Flores’, de Carmen Domingo, a Gary Cooper le plantó en la puerta de su suite y del magnate Aristóteles Onassis rechazó un fajo de billetes: “No necesito el dinero de ningún hombre por muy Onassis que sea”, le espetó. Hasta que conoció al creador de la rumba catalana, Antonio González, ‘El Pescaílla’, con el que contrajo matrimonio en 1957, embarazada de Lolita. “Cuando me casé con él, cogía el cielo con las manos”, dijo Lola Flores.
‘Españoleó’ por el mundo y fue marca España
Si de algo puede presumir Lola Flores es de haber estado en el candelero siempre. Triunfó en la época de Franco (“No soy de Franco, soy de España”, reclamaba cuando murió el caudillo), fue luego aplaudida durante la Transición y muy querida entre los intelectuales de izquierdas. Antes de Rosa de España ya estuvo ella. En 1992, en el programa ‘De tú a tú’ (Antena 3), presentado por Nieves Herrero –que creía que la artista conectaba muy bien con la gente porque “estaba por encima de su lenguaje y transmitía a través de su fuerza interior”–, la cantante decía con modestia: “Lola de España me lo ha puesto el público. No es que yo me sienta la más grande. Quiere decir Lola de ellos, Lola nuestra. Por eso me dicen Lola de España no porque yo sea el que inventó la penicilina”.
Famoso es aquel titular del New York Times ( “No canta ni baila pero no pueden perdérsela”) tras su actuación en 1979 en el Madison Square Garden. Según recordaba la bailaora Angelita Gómez fue emocionante que se retrasase su actuación porque todo el mundo la esperaba en pie sin dejarla cantar, hasta que se arrancó con ‘La zarzamora’. Sin pretenderlo Lola fue marca España. Siempre hablaba con orgullo de los dos años que pasó de gira por Latinoamérica en los años 50 dando a conocer su arte y su patria. Fue la época en la que ganó dinero a espuertas. Consiguió el contrato más elevado: seis millones de pesetas (ganaba 17.000 pesetas al día; unos 4.500 euros a día de hoy) por rodar seis películas en dos años.
Por eso, cuando el fisco llamó a su puerta, una de sus penas más grandes fue no sentirse respetada por el gobierno de entonces. Así se lo dijo a Jesús Quintero: “He estado 40 años de artista, ‘españoleando’, no por Franco ni por nadie después, sino porque quiero a mi patria. En otra época me tenían respeto como artista. Hoy me lo sigue teniendo el pueblo pero para estos señores no represento nada, cuando me tenían que dar una subvención por la alegría, por lo pura que he sido. Yo que podía tener dinero en Suiza, que ganaba tres millones de pesetas y me los traía para España, con una alegría tremenda. Qué tonta he sido. Me arrepiento. La gente te hace ser mala”.
Inventó el crowdfunding
‘Ay, pena, penita, pena’, como diría la canción. Han quedado para la memoria los lamentos de la Faraona cuando se vio acorralada por Hacienda en 1987. Llegaron a pedirle 300 millones de pesetas y seis años de cárcel. La cantante, que no había presentado la declaración de la renta de 1982 a 1985, se agarró a un clavo ardiendo inventando el crowdfunding sin darse cuenta. “Si una peseta me diera cada español quizá saldría de la deuda”, pidió. Para después prometer una ronda de copas con todos aquellos que le ayudaran y así poder “llorar de alegría”.
Tico Medina reveló que sufrió acoso telefónico (“Hijaputa a ver cuando pagas”) y su hija Lolita que hubo gente que se lo tomó tal mal que le tiraban las pesetas desde los coches. “Yo no sabía que no hacer la declaración estaba tan castigado” o “Ya no soy Lola de España, soy Lola de Hacienda” fueron algunas de sus perlas del momento.
Logró pagar la fianza de 145 millones de pesetas “malvendiendo propiedades”. Cuando por fin se libró de la cárcel, el ídolo caído se reveló en las revistas. “Esos políticos serán sustituidos, yo no, yo me moriré siendo Lola Flores”. Ella que en la película ‘Morena Clara’ salía sentada en el banquillo por robar unos jamones, no entendía por qué iban contra ella. “No he sido egoísta ni ambiciosa. Soy como los gitanos, que piden salud y libertad. Podía haber invertido en edificios, pero luego no habría podido dormir por las noches. He sido mujer y hombre en mi casa”, le dijo a Quintero. También que la religión le sirvió para sobrellevar el mal trago. “He sido un chivo expiatorio. ¿Yo merezco ir a la cárcel? Tan buena persona, tan noble como soy. No quiero dinero de revistas, quiero mis principios. Espero que para todos los demás hagan lo mismo. Tengo un gran pacto con Dios y todo me lo concede, salud, el bien de mis hijos… No le deseo la muerte a nadie porque creo en Dios”.
Fue pionera del rap y fan de Michael Jackson
Si algo dejó claro Lola Flores es que rompió con la norma y fue siempre lo que ella quiso ser. Adelantada a su tiempo, se sentía tan libre que hasta se atrevió con el rap flamenco, tras los pasos del ‘JR’ de Pepe da Rosa pero acelerando el flow. Vestida de rojo fuego la abuela del rap se desmelenó en el programa ‘Per cap d'any TV3 no fa res’ (1990) donde rapeó su impronunciable ‘Ay, Alvariño’, con frases tan potentes como “ponme la mano aquí que la diño” o “toma coca, bebe anís y es el rey de los mafiosos que es lo que me gusta a mí”.
Ya había despuntado tímidamente en 1973 con el potente ‘Cómo me las maravillaría yo’, pero con el dichoso Alvariño se reinventaba una vez más. El tema fue compuesto por Luis Miguélez, vinculado en los 80 al entorno de Pedro Almodóvar y Alaska.
Así lo recordaba el propio Luis Miguelez en su Facebook en 2013.
En el programa ‘Imprescindibles’ (TVE) su nieta Alba Flores dice que su abuela tenía el poder de “transgredir”, que fue una adelantada a su tiempo. “Moderna y valiente, peleó por ser artista, por ser mujer, por ser libre”, recordaba también Joan Manuel Serrat (Lola nunca supo decir bien su nombre).
En efecto, en 1989, en ‘La luna’ (TVE) Lola Flores le adelantaba a Julia Otero que si sacaba un disco de rock “sería un tipo Tina Turner y lo haría muy bien”. Muy rockera de espíritu, demostró que nada tenía que ver con el resto de bailaoras. La Faraona pasó de su ídolo Pastora Imperio a otros más acordes con los tiempos, como Michael Jackson. “No lo puedo aguantar, no lo resisto, ese es de chapó, es un artista porque el arte no tiene fronteras”, le resumió a la periodista.
Según reveló Rosario en ‘El Hormiguero’ (Antena 3), su madre decía que “Michael Jackson era un gitano bailando”. Lola se sentía gitana y se identificaba con orgullo aunque no lo era (como decía ella: “Un cuarterón de calé solamente”).
Presumía de piernas porque podía
Lola Flores no necesitaba que la halagasen, ya lo hacía ella. Y no tenía ningún miedo al ridículo. En un sketch de 1995 en ‘Ay Lola, Lolita, Lola’ (TVE) su hija Lolita la pone a prueba en el gimnasio. A sus 72 años vemos a la folclórica en mallas sin quitarse los zarzillos de oro dándole a la bicicleta estática y haciendo abdominales a regañadientes. “Tráeme un bocadillo Lolita o un cigarrito”, dice con arte. Además de bailar, Lola recargaba pilas según decía haciendo bicicleta y gimnasia en casa. “Tengo las piernas de una chica de 18 años, aunque no solo eso… No me cambio por muchas de 20… y lo que sé yo”, le soltó a Quintero con picardía en los 80.
Fue de las primeras folclóricas en salir al escenario sin sujetador y con vistosos vestidos con flecos, haciendo de la provocación un arte. Con la canción ‘Estoy como nunca’ en ‘Esta noche, fiesta’ (1975) demostró su magnetismo y que la edad era solo un número. La gente del público no puede evitar mirarla sin dejar de sonreír.
Una de sus canciones más emblemáticas, ‘Torbellino de colores’ está inspirada en lo que escribió el poeta franquista José María Pemán: “Pemán ha dicho de mí, torbellino de colores, no hay en el mundo una flor que el viento mueva mejor que se mueve Lola Flores”. Solo una mujer tan fabulosa como la Faraona podía autopiropearse y dedicarse una canción a sí misma. Hubiera encajado en tiempos de postureo.
Defendió al colectivo gay
De todo hizo la Lola de España. Fue la madre de Teresa Rabal en la terrorífica ‘El asesino no está solo’ (1975), protagonizó su propio cómic y creó ‘Mi Mundial 82’, canción homenaje con su propia alineación de “futbolistas”: ella misma, Sara Montiel, Lina Morgan, Carmen Sevilla, Florinda Chico o su hija Lolita. Decía lo que le pasaba por la cabeza, para ella no existían los tabúes ni las mojigaterías. Suya es la frase “quién no se ha dado alguna vez un pipazo con una amiga”, pronunciada en ‘El coraje de vivir’, dejando en el aire que mantuviera alguna relación lésbica. En ‘Sabor a Lolas’ (1992) le dijo a su hija Lolita: “Ya es hora de que dejen a la gente vivir. De tener amigas, de tener amigos, de salir con un señor o no salir”. En 1995, en Lola, Lolita, Lola presentó a un grupo de transexuales: “Estas mujeres que voy a presentar han sufrido muchísimo y yo soy una admiradora y las trato con mucho respeto. Porque tienen todo el respeto de todo el que sabe estar en esta vida, que cuesta todo mucho cuando se nace con una cosa en la cabeza”.
Cuando el macabro Lauren Postigo le preguntó por un hipotético funeral, la Faraona se acordó del colectivo LGTB a su manera. “Me gustaría que me embalsamaran, que me dejaran mi carita, como estoy, pero no con los brazos cruzados, sino con las manos más graciosas… y que me pusieran en el teatro de mis éxitos, el Calderón, en el vestíbulo, para que me vieran los mariquitas que me quieren mucho”.
Sabía reírse hasta de sí misma
Lola Flores murió en la madrugada del 16 de mayo de 1995 en su casa El Lerele de La Moraleja (Madrid) tras luchar contra un cáncer. Más de 150.000 personas acudieron a la capilla ardiente que se abrió en el actual Teatro Fernán Gómez en Colón. En 1984, en ‘La clave’, su presentador José Luis Balbín le había preguntado si quería que la enterraran con su bata de cola, su sello personal. “A lo mejor pido que en la caja me la metan…”, dijo haciendo un silencio dramático. “…la bata de cola”. Lo que consiguió la risa nerviosa de los invitados.
“No ha salido nadie que baile y cante como yo, quedaré en la memoria de la gente”, clamaba la Faraona. “Tengo más fuerza que Chernobyl”, le dijo a Quintero. “Me gustaría morir en el escenario, pero estoy preparada para retirarme cuando llegue el momento. Nací artista, me gustaría dirigir, tener un teatro. Pero no soy Lina Morgan. Mi arte, mi duende, quedará en la historia. Haber llegado a ser un mito, también fuera de España”.
Otras frases para recordar su arte…
“Si me queréis irse”
El 23 agosto 1983 Lola Flores estalló cuando vio a los 5.000 curiosos que invadieron la iglesia donde se casaba su hija Lolita con Guillermo Furiase. “Mi hija no se puede casar. Así que si me queréis a mí, marcharse. ¡Si me queréis algo, irse!”, gritó a la multitud. Fue la propia Lolita la que había invitado a toda España a su boda en el programa de José María Íñigo, ‘Estudio abierto’. En la serie ‘Cuéntame cómo pasó’ se recreó el accidentado enlace con Toni, el hijo mayor de los Alcántara, como testigo.
“Te lo dice la Lola”
En los años 70 Lola Flores abrió el tablao Caripén al que iban todo tipo de celebrities en Madrid y anunciaba Titanlux: “Te lo dice la Lola”, ella, influencer publicitaria, que luego pasaría de la brocha gorda al pincel con sus cuadros naíf.
“Machacando” a la Pantoja
En 1988 en ‘Tariro, tariro’, de La Trinca (TVE) enumeraba a otras folclóricas con las que se llevaba bien (Rocío Jurado, María Jiménez, Massiel, Mari Trini). Al preguntarle por Isabel Pantoja, la cantante responde: “Bueno, también”, mientras aplasta con fuerza los ingredientes del gazpacho que preparaba. Paquirri comenzó a salir con la Pantoja después de estar con Lolita. “Ojalá que llores por todos los hombres que ames”, llegó a decir una racial Lola Flores.
“Mi trabajito me costó”
No sin mi pendiente. Interrumpió una actuación en directo en 1977 en el programa ‘Esta noche, fiesta’ (TVE), de José María Íñigo, al perder un pendiente de oro tras dar varias vueltas sobre sí misma en plan torbellino. “Ustedes me lo vais a devolver porque mi trabajito me costó”, dijo mientras seguía rebuscando por el suelo y retomaba la canción de nuevo.
“Venga esa copa pa’ arriba”
El wasap más compartido en Navidades es obra de la Faraona. “Venga esa copa, pa’ arriba” animaba a los españoles celebrando la entrada a un año “que no se puede aguantar”.
En 1984 se confundió felicitando el año “mil ciento ochenta y cuatro”.
Y llegó a cantar el villancico ‘El pollo en la cazuela’ con un pollo de goma en la mano.
(diferencias y coincidencias entre Alta fidelidad película con John Cusack y serie con Zoe Kravitz) Estreno en Disney+ el 6 de octubre de 2021.
En Alta fidelidad (High Fidelity), John Cusack malvendía vinilos en su pequeña tienda de discos de Chicago, mientras enumeraba de cinco en cinco sus rupturas más memorables (la última, la más dolorosa, la de Laura) y esas canciones que compondrían la cinta de casete perfecta compartidas con sus dos empleados, Dick y Barry, interpretado este último por el actor (y también cantante) Jack Black, que los dejaba a todos con la boca abierta gracias a su inesperada versión del Lets Get it on, de Marvin Gaye. Dos décadas después, la tele (en concreto, la plataforma Hulu; aún sin canal en emisión en España) reinventa la película de Stephen Frears, basada en el libro que Nick Hornby publicó en 1995. Esta es la segunda vez que se adapta una novela del escritor inglés en cine y televisión, tras Un niño grande (2000), con Hugh Grant, convertida en serie en About a Boy (2014).
Pero los tiempos han cambiado y la reflexión mordaz de pareja y de miedo al compromiso que dibujaba Hornby, con el reexamen de Rob de sus relaciones fallidas, está narrada ahora desde una perspectiva femenina. Rob, el hombre hetero blanco, es ahora Rob, una mujer birracial y bisexual interpretada por Zoe Kravitz, que también produce. "Para hacerlo moderno y contar una historia diferente, parece que hacerlo desde un punto de vista femenino era absolutamente necesario", han comentado las creadoras de la serie, Veronica West y Sarah Kucserka en una entrevista en The Hollywood Reporter. Si Cusack tenía fama de lucir camisetas de los Clash en cada película que se lo permitieran, el pedigrí musical de la hija de Lenny Kravitz y Lisa Bonet es innegable. Curioso es que el único punto de color de una película en la que todo era #sowhite fuera la propia Lisa Bonet, que interpretó a una cantante, la fantasía sexual hecha realidad del melómano protagonista. Como siguen comentando las productoras: "La tienda está ahora en Brooklyn. No queríamos hacer una serie con personas homogéneas de una raza o de una sexualidad. Esas historias ya se han contado".
¿Era Zoe Kravitz, actriz de Big Little Lies, la elección más acertada? El propio Nick Hornby da la respuesta en ‘Rolling Stone’ (dónde sino, recordemos que de haber podido elegir, Rob hubiera sido periodista musical de la mítica cabecera). Cuenta el escritor, que, junto a los derechos cinematográficos vendió los televisivos, "lo normal", en los años 90; que a finales de 2018, "una amiga de una amiga de Zoe Kravitz" contactó con él. Y que todo parecía encajar. "Es raro que su padre sea una estrella de rock. Es raro que su madre estuviera en la película". La actriz le mandó una lista con sus temas favoritos (muy apropiado) y voilá. "Ha hecho un buen trabajo. Cada vez que he tenido motivos para volver a sumergirme en el libro, me ha sorprendido su melancolía. Eso se transfiere a la serie, la Rob de Zoe lo tiene", explica Hornby en su artículo. Y añade: "Su música es un escudo contra el mundo, pero no puede proporcionar toda la protección que necesita, y en cualquier caso, su generación tiene más de qué preocuparse que la mía".
Una generación que busca en la ficción su propio reflejo, ya sea en comedias inteligentes como Sex Education o dramas hipnóticos como Euphoria. Comentaba en una reciente entrevista John Cusack que parte del éxito de la película Alta fidelidad fue "un clima de cine cuando no todo tenía que pasar por algoritmos y pruebas". Parte del éxito de la serie es alejarse del remake, para reinventarse y proyectar su propio camino. La nueva Rob sigue rompiendo la cuarta pared, vomitando la misma desazón romántica y existencial. Hay un momento incluso que mirando a cámara pide ayuda al espectador, en un giro más propio de una serie como Fleabag. A diferencia de Rob hombre, la joven treinteañera luce tatuajes, fuma porros, además de cigarrillos, y bebe whisky a palo seco. No tiene un único interés amoroso y se apoya mucho más en los personajes que orbitan a su alrededor, algo necesario al ser una temporada de 10 episodios (y con probable segunda entrega).
Secundarios creados desde una perspectiva mucho más amplia, celebrando la inclusión racial y la diversidad sexual. Entre ellos, sus dos empleados (y colegas). Simon (David H. Holmes) ahora es el tímido ex novio gay, de lo mejor de la serie (cuenta con episodio propio), y Cherise (Da’Vine Joy Randolph), la émula de Jack Black, es una mujer negra mucho más histriónica y reivindicativa (sus diálogos tarantinianos sobre cultura pop son canela fina). Si en el filme, el personaje de Black se negaba a vender un vinilo a quien no lo mereciera, en la serie Cherise se encara con otro por buscar la canción que suena en la tienda con la aplicación Shazam. ¿Por qué no preguntarle a ella?
Y es que, aunque el avance tecnológico actual es imparable, en la pequeña tienda se respira el mismo aire vintage que en el filme, por mucho que se vean móviles, se hagan listas en Spotify, se busque el perfil de Instagram de un ex o se hable de una crítica en Yelp. Si la tienda de Rob sobrevivió a la gigante Virgin, la de la nueva Rob tiene aún más mérito de seguir en pie (con Virgin, lo que es la vida, fuera de juego). Como comenta la protagonista, una mujer analógica en un mundo digital, los vecinos creen que su tienda es una reliquia o ellos, unos hipsters nostálgicos. Rob, Simon y Cherise como jóvenes reacios a la modernización total de su generación.
La serie contiene homenajes y múltiples referencias al original. Un bar que se llama De Salle, como el personaje de Lisa Bonet (Marie de Salle); el ex de Rob (Mac) que se muda a Londres, donde originalmente transcurría la trama del libro; el cameo de Debbie Harry, Blondie, en sustitución del de Bruce Springsteen en el filme. Y otras certeras variaciones. Además de periodista musical de Rolling Stone, Rob hombre quiso ser músico, con una excepción: cantante de rap. Sin embargo, en la serie, Rob mujer lleva camisetas de Beastie Boys desde pequeña, escucha a Outkast y tiene un poster de The Nororious Big en la tienda. Rob hombre se acostaba a la primera de cambio con otra tras la ruptura con Laura; Rob mujer espera un año tras su final con Mac (es cierto que en ambos casos la motivación es la misma: saber que la/el ex está con otro/a). Rob hombre conoció a Laura siendo DJ; Rob mujer conoció a Mac a través de su hermano Cam (comparten las mismas letras, a la inversa), para aprovechar mejor en la serie la relación entre hermanos (Cam, además, va a ser padre primerizo y está asustado por la pérdida de libertad que conlleva cuidar un bebé).
Aunque se vuelve a los clásicos, se habla de nuevos géneros musicales (como el catstep) y la actitud es de tolerancia cero, con menciones a Polanski o Michael Jackson. Destacar también el magnífico episodio (incluido en el libro, pero no en el filme) con Parker Posey, cuyo ex marido es un misógino que desprecia el conocimiento musical de la joven Rob solo por el mero hecho de ser mujer. "Es como ser mujer en una película de Michael Bay", dice ella. Algo en lo que se incide en una fiesta snob de una ex, cuando una de las invitadas le comenta lo "audaz que resulta que seas la dueña de una tienda, un espacio históricamente masculino". Si Lisa Bonet como Marie de Salle demostraba ser una mujer empoderada al decirle a Rob, tras acostarse con él, que "no es malo sentirse jodida y cachonda a la vez, por ese cabrón (su ex) no me perderé un buen polvo"; su hija Zoe Kravitz, como la nueva Rob, tampoco se queda atrás, con la posibilidad de elegir entre varios hombres, presumiendo en concreto de la estrella de rock 10 años menor que ella. Eso sí, no se le perdona que no haya visto Los Soprano (algo en lo que se menciona en la serie varias veces).
Para algunos críticos, como Margaret Lyons de The New York Times, la serie no acaba de comprometerse, es superficial, dice, porque se afirma que "lo que te gusta es más importante que lo que eres" y cuando Rob debe definir su gusto dice que "a ella le gusta simplemente la buena música". Otros como Jen Chaney, en Vulture, destacan de esta "versión interesante y divertida del clásico original", lo contrario, cómo mientras Rob hombre quería asegurarse de que otras personas estuvieran de acuerdo con él a toda costa, en la serie "Rob es menos crítica con los gustos de los demás. Ella es tan genial sin esfuerzo que parece que no debería dudar de sí misma, pero eso hace que su duda sea mucho más poderosa". La perspectiva femenina, en efecto, logra que empatices más con otras formas de pensar, o como comentaba el propio Nick Hornby en Rolling Stone en relación a los que les pudiera chocar la diversidad y que la serie se haya alejado tanto del libro: "Alta fidelidad no se trata solo de ti, trata de personas que no son como tú".
Después de escribir este artículo para BuenaVida fui al supermercado y compré cerveza sin alcohol por primera vez en mi vida. ¿Serías capaz, como hacen los ingleses, de pasar 30 días sobrio? Lo llaman Sober September.
En el drama ‘28 días’ (2000), la actriz Sandra Bullock interpreta a una periodista alcohólica que, tras sufrir un accidente, ingresa en una clínica de rehabilitación. Allí deberá pasar esos 28 días del título, hasta recuperarse. Sin llegar a ese extremo –la adicción–, pero con la misma intención –abandonar la bebida–, surge el Sober September (septiembre sobrio), un movimiento que promueve la abstinencia durante el mes de septiembre para compensar los excesos de la canícula.
Pero no siempre es tan fácil (el alcohol mata a tres millones de personas cada año en el mundo, según la OMS; casi 40.000 de ellas en España). Como analizaba The New York Times a principios de año, hablando de “la nueva sobriedad”, es loable alentar a las personas a vivir sin alcohol –España tiene un consumo de alcohol per capita mayor que el de la media europea–, pero para el que tiene verdaderos problemas de adicción dejar de beber no es un juego.
Según una investigación con participación española de abril de este año, el abuso del alcohol sigue dañando al cerebro tras seis semanas sin probar gota. Así que la trivialización de la iniciativa o minimizar la naturaleza grave del alcoholismo –el 15 de noviembre se celebra además el Día Mundial Sin Alcohol– podría fomentar recaídas en pacientes en recuperación y sentimientos de culpa.
¿Qué beneficios obtienes si dejas de beber alcohol un mes? Hablo sobre esta curiosa ley seca con expertos. Leer más.