7.10.07

Tercer dia en NY: Central Park y el musical Hairspray

Desayunamos en Pax, cafe y bizcocho.


La idea de hoy es dar una vuelta por Central Park. Ya es fin de semana y los neoyorquinos salen a pasear, con sus hijos, sus perros, etc. Cogemos el metro y vamos hacia la quinta avenida, para entrar por uno de los accesos del parque.

La estatua de Alicia en el País de las Maravillas, en medio de un parquecito.


Cada banco tiene una placa en homenaje a un benefactor.


Las familias juegan en un parque con nombre propio, del que lo ha pagado.


Una estatua de Colón (hay varias, también Shakespeare), en una zona que se llama The Mall.


Bicis, corredores, gente andando, caballos que tiran de calesas...


El famoso carrusel centenario.


La Tavern on The Green.


El hotel Dakota, donde asesinaron a John Lennon.


La baldosa Imagine en homenaje a Lennon que instaló Yoko Ono.


Un tipo que cuenta una historia lo ha convertido en su pequeño santuario.


¿Para qué mentir? Pido por cerveza.


Souvenirs de Imagine.


Es cierto que pasear perros es un curro. Parece una cosa de pélícula.


Esperamos el metro. Hace tanto calor que se pone a llover y no para durante 20 minutos. Así que al salir del metro, nos refugiamos en el Museo de Historia Natural. Como no para de llover vemos la tienda y poco más.

+En 2011 sí entramos al Museo de Historia Natural. Link.

Decidimos volver a coger el metro e ir a Columbus Circle de compras y dejar los museos que están por la zona para otro día.



Festival de hip hop con Snoop Dogg en un anuncio del metro. Es que me gusta mucho.


Vista desde el interior del Columbus Circle. El primer día dimos una vuelta por allí para llegar del Madison a Apple. Es un edificio lleno de tiendas (la mayoría caras) y de restaurantes (está el considerado mejor de NY, el Per Se, cuyo menú cerrado vemos que cuesta 250$. Los domingos hay un brunch con concierto de jazz en el Porter House). Desde aquí se ve la estatua de Colón (ya llevamos dos).


Las esculturas de Botero dentro.



En los probadores, te apuntan tu nombre en un espejito en la puerta. Para esto los dependientes que van a comisión son muy pesados. Si te saltas sus reglas te montan el pollo.



Cuando para de llover, cogemos el metro hasta la zona del distrito de la carne (el Meatpacking District). Reservamos mesa en el restaurante Pastis (en la novena con Little West 12), cuya terraza está llena de gente, con la que ha caido hacia unas horas.


Las patatas fritas las sirven así, en un cucurucho y con mahonesa. Ricas.



El brunch perfecto: huevos benedictine con salmón y patatonas. No pedimos pan por lo obvio, pero si lo pedías te ponían un pan especial de otro de sus restaurantes, Balthazar (en el Soho), al que fuimos en 2011.


Jose pidió algo parecido, el vasco (no es coña). Nos salió el brunch, con cocacola y Heineken (¡7$!), por 58$.


Lo mejor de la zona: los escaparates de las tiendas. Aquí con cerdos, recuerdos de la carne que antes se vendía por aquí.


Unas sencillas bailarinas para el escaparate de Repetto.



Butik, la tienda de la modelo Helena Christensen (en 605 de Hudson).

Maniquíes floreadas.



De allí vamos hacia la calle Bleecker, llena de pequeñas tiendas, entre ellas la de Marc Jacobs (número 403) donde compro unas botas de agua por sólo 28$. Vemos la larguísima cola para conseguir uno de los deliciosos pastelitos de Magnolia (n. 401).



La calle está llena de puestos de comida. Aquí por un dólar te llevas algo tailandes. Qué miedo.


Crepés gigantes.


Vallas gigantes.




No tenemos mucho tiempo a la vuelta, porque tenemos a las ocho el musical Hairspray. Encontramos la séptima avenida cortada por el famoso mercadillo del sábado.


El humo sale del subsuelo. Te encuentras chimeneas en medio de la calle, por donde circulan los coches que las esquivan. En el metro hace aún así muchísimo calor.


Los bomberos venden calendarios en plan cachillas.


Contradicciones: Cartier con su enorme lona en la quinta y lo nuevo (o más viejo) para circular por las calles: los chavales con bicis.


El mítico Gallaghers, restaurante de carnes al que había ido hace años y no sabía dónde estaba, pues justo al lado del Neil Simon Theatre donde vemos Hairspray. Las entradas nos salen por 239,60$, los dos. El teatro es de las cosas más caras.


Luminoso de Hairspray.



Después de disfrutar con el musical que es bastante bueno y de sentir las bambalinas de Broadway (algo tiene porque el público lanzaba gritos y ovaciones y aplaudió de pie durante un buen rato), quedamos a cenar con Toño, en un restaurante del West Village en el que reserva, y donde comemos pasta y carne, con dos botellas de vino. Luego nos fuimos de copeo y regresamos al hotel ya tarde.