(crítica de Zoolander 2, opinión sin spoilers, subida originalmente 8.2.16) En 2002 se estrenaba en España
Zoolander, que aquí subtitularon como Un descerebrado de moda por si a alguien le quedaba alguna duda. Como no había viralidades ni redes sociales, el impacto de aquella comedia de Ben Stiller fue brutal. ¿Que salía David Bowie, que le metían caña a la moda con el consentimiento de la industria? La idea resultaba innovadora, fresca, tan divertida como certera en su crítica al aspecto frívolo del asunto. Stiller como Derek Zoolander recordaba a la Carrie Bradshaw de Sexo en Nueva York cuando intentaba ser modelo. Stiller, retaco, resultaba ser lo más de lo más gracias a su poderosa mirada “acero azul” que todos imitamos como habíamos hecho años antes con las patadas de Karate Kid (una tiene una edad). En la era del selfie, del poder de la prensa (Anna Wintour) sobre la moda, de los diseñadores como auténticas celebrities (Marc Jacobs), por delante de las modelos... tocaba revivir el espíritu de Zoolander a una nueva generación. ¿Tiene algún sentido esto? Creo que se pierde parte del efecto sorpresa que vivimos nosotros si has visto tráilers y demás, pues las mejores escenas están ahí (Benedict Cumberbatch, el anuncio de Naomi Campbell...). Nos han bombardeado con la promoción. Si en aquélla, Derek y Hansel (Owen Wilson) se enfrentaban por la corona del top model más guapo y tonto nada menos que a las órdenes de David Bowie; aquí, ambos están “desaparecidos” y, en su regreso, ya no existe ese pique gracioso. Hay que avanzar. Ambos han madurado y Zoolander se transforma en un combate entre dos tontos muy tontos y un nuevo diseñador (y sus acolitos) todos hipsters y perroflautas que dan ganas de matar. Supongo que a Anna Wintour y demás diseñadores (hay cameos de unos cuantos) le tenían que vender la moto de que la crítica no iba tanto hacia la industria en sí, como hacia esos jóvenes autodidactas que han hecho de la mugre, tendencia. A Bowie le sustituye otra estrella musical, Sting, que, evidentemente, NO es lo mismo, aunque su personaje, menos mal, tiene más que aportar que meramente su cara bonita. Continúa como némesis Mogatu porque Will Ferrell es el puto amo: hay una escena en el helicóptero con su fiel Todd (Nathan Lee Graham) que me resulta lo más divertido del filme. Con su presencia, Zoolander 2 se convierte en otra película. Y luego, claro está, los habituales cameos que son, definitivamente, lo mejor de esta secuela. En el pase hace gracia que Justin Bieber muera asesinado haciéndose un selfie, pero esto ya lo he visto en la serie Scream Queens con Ariana Grande, que, por cierto, también tiene cameo en Zoolander 2 y en los subtítulos la llaman “poligonera”. Más allá de guiños cinéfilos (como el de Susan Sarandon con Rocky Horror Picture Show) que provocan orgamos entre los críticos o más endogámicos con la moda (lo de Anna Wintour es MUCHO), Zoolander 2 es más una comedia de acción que la secuela que “va a hablar de cómo está el mundo de la moda hoy día”. Hasta Justin Theroux lleva tronchos en la cabeza. Cansino. Será porque hay poco que contar sobre la moda, pero si estaba Penélope Cruz, cuyo personaje tiene acentaco, se le escapan tacos en español y dice ser de Albacete, ya podrían haber llamado a Amancio Ortega. Eso sí que es tendencia. La actriz sorprende en Zoolander 2 porque llega a sustituir a Owen Wilson, que parece pasar a un segundo plano y va a su aire, pareciéndose al Mortadelo del cómic. Hay tantas tonterías (tal vez, demasiadas) que el hijo de Derek se convierte un poco en el espectador joven que no haya vivido la euforia viejuna nuestra de la mirada acero azul. El chaval se pasa toda la película desconcertado por todo lo que le ocurre. Me he reído en ocasiones y me ha hecho recordar lo que me gustó Zoolander en su momento. Pero ahora que la he visto no creo que fuera necesaria. ¿Que pasarás un rato entretenido? Claro. Es como si mezclaras Zoolander con Misión imposible, versión spoof, y La muerte os sienta tan bien.
Zoolander 2 se estrena en España el 12 de febrero.
Zoolander 2 en portadas de revistas como Vanity Fair, Vogue, DT, revista Fotogramas, VMan, Esquire, Interview, People, L'Uomo de Vogue... Ben Stiller y Penélope Cruz recrean en Vogue varias fotos icónicas, que podéis ver
aquí.