Mostrando las entradas para la consulta mcdonalds ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas para la consulta mcdonalds ordenadas por relevancia. Ordenar por fecha Mostrar todas las entradas

10.12.10

Mike Wong, el restaurante que copia los logos de McDonalds y Nike

Con dos cojones amarillos. Para que luego digan que está todo inventado, que los asiáticos son unos currantes y que no hay quien pueda con las multinacionales. Cuando estuve en China o en Thailandia no me topé con ninguno de estos restaurantes, ni lo he visto en ninguna otra parte, sólo en Suiza (Ginebra concretamente). La foto la hice desde un tranvía. No daba crédito. Mike Wong no sólo rubrica su firma con el logo de Nike sino que marca en amarillo la W del apellido como si fuera la M del McDonalds invertida. ¿No es grande? Pero no os creais que se esconde, que hasta tiene web oficial. Indago un poco y resulta que el dueño es francés, tiene dos restaurantes en Ginebra y uno en Fribourg, se autodefine como 'fastfood asiatico' y se ha traído la idea (y a las cocineras) de Thailandia. McDonalds le puso un pleito, según cuenta en la web, pero llegó a un acuerdo (el pájaro lo iba a llamar Mc Wong). De Nike no dice nada, aunque también se ganó una denuncia de la marca deportiva en 2009. Pero, ¿cómo le puede echar tanto morro la peña?

31.7.11

Anuncios del Happy Meal de McDonalds con Batman y Spider-Man

Así se anuncian en EE UU los nuevos muñecos de Happy Meal, con la letra M de McDonalds en amarillo jugando con la simbología de superhéroes como Spider-Man (arriba, las arañas con las patas hamburgueseras) y Batman (abajo, con la M en amarillo y el murciélago en negro). Jugando con las siluetas y con un par de colores la cosa da para mucho.

11.3.20

'Mc Millions', el documental de HBO sobre el fraude del Monopoly de McDonalds

(subida originalmente 12.1.20; esta entrada se ha actualizado)

A medida que pasan los episodios de McMillions, el documental que HBO emite semanalmente, cada vez se pone mejor. El fraude que sufrió McDonalds durante una década a costa de su popular juego del Monopoly, ese que rascas y te puede tocar un premio, es de infarto. Un ex policía logró defraudar al imperio.


Esta serie documental narra una conspiración de lo más extraña a costa de una multinacional como la empresa de hamburguesas. Un ex policía convertido en auditor de seguridad manipuló la promoción del juego McDonald's Monopoly durante una década, robando 24 millones de dólares y premios, construyendo una vasta red de conspiradores en todo Estados Unidos. 

La serie se basa en material de archivo y entrevistas inéditas: los agentes del FBI que acabaron con la estafa de juegos; los ejecutivos corporativos de McDonald's que fueron defraudados; los abogados que juzgaron el caso, y los culpables que se beneficiaron del complicado esquema, así como las personas que a menudo fueron engañadas involuntariamente para formar parte del engaño. El engaño, que comenzó entre familiares y amigos, pronto se extendió a un grupo de ex convictos, gángsters y estafadores.

El llamado Tío Jerry lograba obtener las piezas ganadoras del juego McDonald's Monopoly, y luego las vendía a otras personas para que las cobrasen. "De 1989 a 2001, casi no hubo ganadores legítimos de un millón de dólares", explica un entrevistado en el documental. Ahora ya sabemos la razón.

Se descubrió que el tal tío Jerry era Jerome Jacobsen, un hombre que acabó supervisando la seguridad en Simon Marketing, la compañía que manejaba todas las promociones de McDonald's, desde la creación de juguetes Happy Meal hasta las piezas del juego Monopoly.

Junto a él, conspiraron otras 53 personas, entre ellas, un socio de la mafia (también llamado Jerry), un narcotraficante condenado y un padre mormón con cinco hijos, su mujer y su hermana.

"Todo lo que puedo decir es que cometí el mayor error de mi vida", dijo Jacobsen durante el juicio que tuvo lugar en Florida.

La serie consta de seis episodios, basados en un artículo del Daily Beast firmado por Jeff Maysh. Está producida por Unrealistic Ideas, empresa de Mark Wahlberg (que para eso tiene su propia cadena de hamburguesas), Stephen Levinson y Archie Gips. Dirige James Lee Hernández y Brian Lazarte.

En el tercer episodio, impacta el caso de una mujer negra, soltera con un hijo, llamada Gloria a la que le tocó un millón de dólares. Gloria era una amiga de la mujer de Jerry Colombo, el mafioso. La mujer se hipotecó para poder adelantar el dinero a Colombo y recibir el cheque, pero cada año le tenía que dar a Colombo 25.000 dólares. Al final era una estafa piramidal alucinante. En este episodio, hay de todo. La mujer de Colombo que quiere divorciarse de él porque abrió un club de striptease que convirtió en iglesia; el tal tío Jerry que le pide que se case con él; ella que les amenaza con ir al FBI, y al final tienen un accidente de coche. Mientras, el FBI investigó a Gloria, grabándola, luego sale hablando en la actualidad afirmando que lo va a contar todo y se queda a gusto. Y el hermano del tal Jerry Colombo y su mujer también cascándolo todo son para echarles de comer aparte. Alucino.

En el último episodio se desvela quién fue el informante, una incógnita que sobrevuela el documental pero que no llega a revelarse hasta los 10 minutos finales. Se pensó que había sido gracias a un soplo en Hacienda, de la azafata ganadora de uno de los premios, ya que temía no poder pagar la suma que le pedían por su delito. Un agente que va de sobrado desde el principio dice que no fue gracias a Hacienda sino a un soplo al FBI, pero que jamás sabríamos quién fue. Sin embargo, el hermano de Colombo y su mujer confiesan que fue su propia madre la que dio el soplo cuando su hijo murió en el accidente de coche que creyó provocado por su nuera. Yo no entendía por qué le daban tanta importancia a la historia de Colombo, pero he ahí el motivo. La abuela logró quitar del medio a su nuera para poder quedarse con su nieto, es decir, le movió un instinto egoísta, visceral, nada que ver con destapar un hecho fraudulento. Lo que no sabía esta mujer es que su acción valdría para tirar de la manta e involucrar a un montón de gente estafada que, a la vez, había estafado, y que, en realidad, nunca supo que eran tarjetas robadas, algo que les sirvió en el juicio para escaquearse de penas más gordas. Llama mucho la atención que el propio hijo del tío Jerry se emocione al comentar que la pena que le cayó a su padre fue de broma, teniendo en cuenta el daño que hizo (el padre le dijo que no hablara en el documental así que da por sentado que su relación se ha roto). También que la última escena sea la de la pareja que destapa al soplón (a la soplona de la madre de Colombo) riendo cuando aparece su hijo vestido de empleado del McDonald's.


Frank Colombo me escribió en Twitter

17.9.12

La hamburguesa Yin Yang del McDonald's China

Me he acordado de Darth Vader y las hamburguesas de Star Warsr. McDonalds en China lanza este combo con una hamburguesa de ternera y otra de pollo. Al parecer es una llamada de atención diferenciando el poder político-BUENO (el pan blanco) con el poder de la mafia-MALO (el pan negro). Vistas así la pinta es malísima, la verdad.


Más hamburguesas:
+Las zapas de Colette.
+Para ciegos.
+Star Wars.
+Spanish Chorizo.

28.9.20

Opinión. QUIZ, o cómo hacer trampas (casi) imposibles de pillar

Ya se puede ver en la plataforma de Movistar+ el primer episodio de Quiz: el escándalo de ¿Quién quiere ser millonario?, miniserie estupenda, dirigida por Stephen Frears (que últimamente se sale) y protagonizada por Matthew MacFadyen (el cuñado de Succession), Michael Sheen, Sian Clifford (la hermana de Fleabag), Mark Bonnar (visto en Apple Tree Yard) y Helen McCrory (Penny Dreadful).


En ¿Quién quiere ser millonario? el ganador se podía llevar un millón de libras, algo nada sencillo. Quiz cuenta cómo un comandante del ejército lo consiguió. Algo que parecía impensable. Los creadores del incipiente concurso (esto ocurre en 2001 y el programa se estrenó en 1998) se huelen la tostada: aquel tipo que parece del montón ha hecho trampas. Pero, ¿cómo? Y lo que descubre esta ficción de un suceso real es el alucinante entramado que gestaron el tipo este (MacFayden), su mujer (Clifford) y otro concursante presente en el programa. Y todo lo que hubo antes, porque ella, la mujer, ya se había llevado un dinero en el concurso, lo mismo que su hermano. Bonnar interpreta al creador del concurso que no da crédito a lo que ocurre y McCrory a la abogada del militar que debe defenderlo en un juicio que se despliega durante el tercer y último episodio.

Quiz podría formar parte de esas tramas reales que parecen inverosímiles, como vimos en el documental Mc Millions, sobre el fraude el Monopoly del McDonalds. Siempre habrá alguien que intente hacer trampas y llevarse el gato al agua. En el caso del Monopoly hubo chanchullo desde dentro, pero en Quiz todo se lo curran los sospechosos. Y eso es de quitarse el sombrero. Así que no te pones del lado de la cadena sino del de estos currantes que tuvieron que estudiar y maquinar pero que muy bien cada uno de sus pasos (y tropezar en alguna que otra piedra también).

Quiz nos descubre por un lado el poder del juego, cómo hay personas, ya sea individualmente o en equipo, que compiten para ganar. Esta familia era adicta al Trivial, en timbas que se organizaban en bares, entre cervezas y la tensión propia del que no quiere perder. Lo que empezó como una ilusión acabó siendo una obsesión, porque ganar aquel nuevo concurso era como alcanzar la punta del Everest. Por otro lado, está el programa en sí mismo, cómo se gesta, cómo se rueda el piloto, cómo ni sus propios creadores sabían muy bien qué tenían entre manos, cómo comenzó a tener audiencia, a triunfar (lo siguieron hasta 19 millones de personas en Reino Unido), a ganar premios, a venderse en otros países, cómo pasó a ser un fenómeno mundial. Otro aliciente más para ganarlo. Y aquella noche de acertijos entre colegas pasó a convertirse en una especie de reto final para muchas de estas personas.

Lo mejor de la serie: ver tele dentro de la tele, MacFayden en el momento en que compite en el concurso, McCrory durante el juicio surrealista, el no saber muy bien como espectador qué ocurrió realmente.

Lo peor de la serie es, tal vez, el presentador interpretado por Michael Sheen un personaje que no se luce hasta el juicio y ni eso (ahí me falta información), algunos momentos surrealistas como el del baile o el final, que puede crear confusión, aunque entiendo que es lo que se busca.

Pero, en definitiva, si te gusta la tele, conocer los entresijos de un programa, y ver a esta peña obsesionada con ganar dándolo todo esta es tu serie. No podrán caerte mal. 

6.2.15

Frank Underwood (House of Cards) promociona los almacenes Selfridges

Hace unos días me sorprendía un anuncio a página, emulando una portada de GQ, de James Spader como icono de moda, bueno, más bien su personaje, Red Reddington en The Blacklist. Por cierto, que NBC ha renovado The Blacklist por una tercera temporada. Inconfundibles los sombreros y abrigos de su personaje.

Los grandes almacenes londinenses Selfridges no han dudado en usar al carismático protagonista de House of Cards para promocionar (con un anunico a toda página de nuevo en GQ) relojes de gran calidad de venta en su web, de varias firmas de lujo como Rolex, Armani, Piguet y Jaeger-Lecoultre.

"Estos relojes audaces son perfectos para cuando acechas en los pasillos del poder".

El lector medio verá a Kevin Spacey y no entenderá nada, hasta que, debajo, leemos una declaración firmada por Frank Underwood, el protagonista de la serie de David Fincher. "El dinero es el McMansion en Sarasota que comienza a caerse a pedazos después de 10 años. El poder es el antiguo edificio de piedra que permanece durante siglos. No puedo respetar a alguien que no ve la diferencia". McMansion sería una especie de guiño a las mansiones McDonalds.

Este tipo de publicidad sería impensable en España o al menos desde mi experiencia profesional. Ojalá pudiéramos contar con este guiño seriéfilo para vender marca.

El 27 de febrero Netflix estrena la tercera temporada de House of Cards. En España, se estrena un día después en Canal+ Series. Más estrenos de series.

7.10.07

Segundo dia en NY: la estatua de la libertad y hockey

Desayunamos un croissant y un capuccino (el café latte es lo mismo pero sin espuma) en la cascada enfrente del hotel. Se lo compramos a una coreana que tiene un pequeño puesto dentro. El vaso que nos da de papel (y que no veo en ningún otro lado) lo venden pero de cerámica en el Moma, como si fuera algo muy típico de NY.


Nuestra ruta de hoy será callejear por la zona del DownTown. Vamos al metro y sacamos la tarjeta MetroCard que, por 24$, te sirve para siete días y la puedes usar tanto para el metro (que abre las 24 horas) como para los autobuses. Cuando bajamos del metro en la zona del City Hall, al pie del puente de Brooklyn encontramos un montón de puestos callejeros de frutas.


Venta de pequeñas tartaletas, mini American pies.


Y miel, con el panal de abejas incluida.


El contrapunto: un McDonalds abierto las 24 horas.



Llegamos al río hasta el muelle 17 desde donde la panorámica es bestial, en South Street Seeport. Símbolo marinero cerca del puerto.


La ciudad desde el muelle 17.



Desde allí cogemos un autobús gratuito que hace un recorrido al que llaman Dowtown Connection (toda la info aqui), que te lleva por los principales lugares que visitar. Nosotros lo pillamos para que nos lleve hacia el ferry, para ir a la Estatua de la Libertad. Este se coge en Staten Island Ferry, aunque antes de ir, damos un paseo para ver dónde se coge otro de los ferrys, el Circle Line (que cuesta 12$) que te lleva hasta el pie de la estatua y a la Isla de Ellis.

El parque de Battery Park está lleno de mimos disfrazados de la estatua.


Vista alucinante del puente.


Ella, la estatua de la libertad.


Durante el viaje, nos sigue de cerca una lancha con dos tios, uno de ellos con metralleta. Y por el aire, tres helicópteros. El miedo a un ataque terrorista es palpable.


Al fondo ella.



Cuando volvemos (se tarda una hora), andamos hacia el famoso toro de Bowling Greene. Enfrente la entrada al Museo de los Indios Americanos.


El famoso charging bull. A los japoneses les encanta hacerse la foto por la parte de atrás, de las pelotas.



Pillamos el metro a Wall Street, y vamos hacia la Zona Cero. Atravesamos una iglesia, Trinity, que está cuando termina Wall Street. Para ello hay que pasar por un cementerio. Y hay bancos entre las tumbas donde la gente se sienta a comer. Alucinante.

Una tumba en el cementerio de Trinity Church en Wall Street.


La famosa y triste Zona Cero.


Hay una zona dedicada a los fallecidos y a las fotos de los edificios que se pretenden levantar en el lugar donde antes estaban las Torres Gemelas.



Hace mucho calor y paramos en un deli, el conocido Stage Door. Compartimos un sandwich de pastrami y roast beef, nos dan patatas fritas (chips), y dos aguas (10$).



Cita ineludible es el famoso centro comercial Century 21, que tiene grandes marcas a precios de saldo. No compro nada porque es un poco mercadillo todo, y me llama la atención en la zona gigante de los zapatos los haya de la mismísima Jessica Simpson.



Un Wendys. Nostálgico. En España se los cargaron.



Como no hemos comido casi nada, nos vamos hacia la zona de tiendas en condiciones de Broadway. Y hacemos una parada en Europa Cafe (350 en la quinta), donde pruebo la famosa tarta de queso y arándonos yanki, un clásico, por 4.75$.



Vamos de compras a Manhattan Mall (901, sexta), un edificio cerca de Macy's, lleno de tiendas entre las que está Steve & Barry's, el único sitio donde venden Bitten, la marca de Sarah Jessica Parker. Al estilo H&M es muy barata, el problema es que al haber sido hace nada (de hecho continúan en algunos sitios) las rebajas, hay de todo poco. Pero me compro algunos trapitos, como ya he contado aqui.

A las seis y tras pasar por el hotel, vamos al Madison Square Garden a ver un partido de hockey entre los NY Rangers y sus máximos rivales, los New Jersey Devils. Sacamos las entradas por internet (135,45$). Al llegar, hay un montón de chavales que luego jugarán varios minipartidos entre los descansos.


Dentro, en pleno partido.


Aprovechamos para cenar dentro porque entramos a las siete de la tarde y no salimos pasadas las diez. Así que, como todo el mundo que nos rodea (el campo está lleno y eso que es sólo de exhibición) pillamos una cerveza (te regalan un preztel tipo palo que lo meten en el propio mango de la jarra) y un hot dog.




Volvemos al hotel, pero primero vamos en metro a Times Square para verlo de noche. Todo la zona está llena de luminosos anunciando series. En el metro chavales bailan breakdance (en esta céntrica parada siempre hay alguien bailando o tocando música).



Fuera del metro, una panda de chavales va vestida como raperos de los ochenta.



Volvemos a coger el metro hasta la tienda de Apple para recoger el portátil. Aquí el nuevo invento de Steve Jobs, el iPod Touch (como el iPhone pero sin móvil).



Dentro de Apple montan los platos para las sesiones gratuitas de djs que habrá a partir de las 12 de la noche (la tienda abre las 24 horas). Pincha DJ Spank Rock.



Y ya aprovechamos y vamos hasta Serendipity3 (en la 60), la heladería-tienda de moda entre los famosos.



Compro una taza gigante de desayuno de recuerdo. En la bolsa, los tres reyes magos. Luego pasamos a comprar agua a un supermercado alucinante que hay al lado del hotel, el The Food Emporium.

4.6.07

Take a Wok: Fast Food Nation

Había pasado varias veces por la glorieta de Bilbao y me habían entrado ganas de entrar a comer al Take a Wok, un local Fast Food en el que te sirven o te llevas comida china, básicamente compuesta de dos menús o platos sueltos. Todo es de un blanco impoluto, con tu bandeja blanca, tus platos blancos y tus cubiertos de plástico (o palillos de madera). El menú te sale a unos 8 euros, con un primero como estas empanadillas, unos fideos y bebida. Para un día no está mal pero la comida china es lo que tiene que luego la digieres en media hora.

Hablando de Fast Food. Este finde he visto, entre otras pelis, Fast Food Nation y si me entraban dudas a la hora de hincar el diente a una hamburguesa del McDonalds o Burger King, tras ver esta peli de Richard Linklater (la dirigió antes que Scanner Darkly) te lo aseguro, jamás de los jamases volveré a comerme una puta hamburguesa. La historia comienza cuando descubren en una cadena de hamburgueserias que la carne de la hamburguesa contiene bacterias fecales. Uno de los supervisores investiga (Greg Kinnear) y saca a la luz (aunque de poco valga) cómo es el recorrido que hace la vaca viva (desde que se la cargan que lo ves) hasta que se convierte en un trozo redondo de carne congelada.
Por medio, vemos la corrupción en la fábrica que contrata mexicanos ilegales, abusos, accidentes laborales que se tapan, una muchachada dispuesta a soltar a las vacas (aquí hay un cameo de la cantante Avril Lavigne, que parece un mimo de inexpresiva), unos gobiernos que lo permiten y unas familias incautas que lo consumen. Además está lleno de cameos como los de Bruce Willis, Patricia Arquette, Ethan Hawke y Kris Kristofferson.
¡Cómo me gusta Bobby Cannavale! Aquí hace de cabrón, pero imposible olvidarle de Sexo en Nueva York... Aquí en acción.

17.10.15

McDonalds lanza la hamburguesa Robocop en China


¿Una hamburguesa gris? Cuando creíamos haberlo visto todo en el tema hamburguesil freak, llega McDonald's con esta propuesta loca: una hamburguesa que parece metalizada, como si fuera comida más para robots que para humanos. La han llamado Modern China Burger, pero deberían comerciarla como la hamburguesa Robocop porque no hay quien se crea que ESTO es comestible.

Especial hamburguesas LOCAS en Yonomeaburro.

29.5.10

El anuncio censurado de Louis Vuitton y la publicidad de Mad Men

Al menos en Reino Unido, Louis Vuitton ha tenido que retirar este anuncio porque engaña a sus consumidores. La marca francesa daba a entender que sus bolsos se hacían a mano ("una costurera con hilo de lino, cera de abeja e infinita paciencia", tomageroma) cuando en realidad casi todo el proceso se hace con máquinas. Louis Vuitton se ha defendido afirmando que la publicidad hace referencia al arte de la creación, no del proceso de fabricación.

Creo que a estas alturas de la película, no me creería por ningún anuncio que me plantasen que un producto se haga a mano por completo, y menos con la estampa de arriba. ¿Alguien se puede creer que exista semejante costurera? Pues no. Y me ha hecho gracia leer en Fashionista, un blog de moda de referencia, una defensa que pasa por la publicidad de Mad Men. En el artículo se menciona la serie de la agencia Sterling porque, dice su autor: "Por supuesto que aprendí todo de la publicidad en Mad Men, pero los anuncios de Louis Vuitton funcionan". Y añade: "No quiero abrir una revista y encontrarme la realidad, a gente con Crocs y divertidas riñoneras en un McDonalds". De acuerdo, pero ser fantasioso en la imagen no implica tener que mentir en la idea...