A J. J. Abrams se lo van a perdonar todo, pensaba cuando veía Super 8. Es el pelotazo del verano, en pulso taquillero (y sentimental) con El origen del planeta de los simios. Ambas películas comparten de inicio su nula originalidad, pero se diferencian en el resultado final. Mientras El origen... se aleja del clásico y crea su propia y espectacular historia, Super 8 persigue emular a los clásicos de Spielberg, dándoles una vuelta 2.0, y haciéndonos creer que estamos ante la ET del siglo XXI. Lo he leído mil veces: como si Los Goonies buscaran el tesoro en Encuentros en la tercera fase... Pues mira, no. Para una nueva generación, para la que las pelis de Amblin son los clásicos que emite La Sexta 3, pase; pero, para mí, que crecí con Spielberg, esta vez, el creador de Perdidos no me la va a colar. J. J. Abrams tiene la pasmosa habilidad de hacer suyo lo de los demás, es como el Tarantino del cine de ciencia-ficción. Agarra Misión imposible (con Tom Cruise). Y luego Star Trek (mientras George Lucas viva, Star Wars es intocable). Y, ahora, llama directamente a Spielberg para que le produzca su propio autohomenaje. Perdonadme la expresión, pero Super 8 es una comida de pollas a gran escala. No hay más que ver a Spielberg con un rictus de absoluta felicidad mientras su fan número uno desgrana cómo se conocieron y cómo ha tenido que pasar todo este tiempo para hacer una peli juntos. Pero ésta no es una peli cualquiera. J. J. Abrams, que tal vez pensara de inicio rodar una precuela de Monstruoso, sumó dos y dos. ¿Qué le funcionó a papá Spielberg? ¿porqué no puedo ser yo también el rey Midas del cine ahora que ya soy un genio de la TV? Y así es como veo crecer a ese monstruo que es Super 8 (y no me refiero al bicho que es lo de menos), con todas las piezas claves para que todo encaje. Los espectadores no podrán decir que han malgastado el dinero en el cine dado el nivel de mierder que hay ahora, y los críticos estarán hipercontentos de saberse todas las referencias cinéfilas sin sentirse demasiado viejos. Cuando uno abre la escotilla de Super 8 se encuentra con una serie de claves de libro:
- Un márketing viral bestial (en esto, Abrams es dios). Y un mensaje muy claro: si Super 8 no te parece lo más es que no sabes de cine.
- Un nombre, Super 8, que apela al crítico de cine que le hubiera gustado rodar su peliculita de niño, y a todos los imberbes cinéfilos de inicios de los 80.
- Una panda de niños ultra cool: Elle Fanning es nada menos que la imagen más trendy y underground de Marc Jacobs.
- Una peli dentro de otra peli. Esto a los críticos les chifla. Y para contentar a los frikis, la hacemos de zombies, que The Walking Dead está petando.
- Un montón de guiños de los 80, aunque estén metidos con calzador. Donde esté el mp3 que se quite el walkman, qué quieres que te diga. Que eso de "cualquier tiempo pasado fue mejor" no siempre funciona.
- Varias escenas que se recuerden para siempre, para que el crítico diga aquello de es "un clásico instantáneo". La escena de la gasolinera es una de ellas. También ese final "de película".
- Un mensaje subliminal: que si, como Spielberg, Abrams crea un cine de evasión ante la crisis, que si podría haber un entendimiento con seres de otro planeta, que si el ser humano es dañino por naturaleza...
- Y las consabidas ideas made in USA de las que yo ya estoy más que aburrida. El Gobierno nos engaña, hace experimentos top secret, existen los X-Files (esos vídeos en blanco y negro), los militares son unos cabrones, los pueblos pequeños esconden muchos secretos, el niño friki que se enamora de la guapa que no es tonta, su amigo el gordito y el que viste raro, el vacío del huérfano, el policía de pueblo que se enfrenta a la autoridad, ...
+El guiño a Slusho. Link.
+El guiño a Locke. Link.
+Spielberg y Abrams hablan de los orígenes de la peli, vídeo. Link.
+El guiño a Isaac Asimov. Link.
+El guiño a Lost en el poster. Link.
































