El director
Michael Sucsy se esforzó por recordar en
Grey Gardens la estrambótica vida de una tía y una prima de
Jackie Kennedy, interpretadas respectivamente por
Jessica Lange y
Drew Barrymore. Con esta miniserie obtuvo nada menos que
dos Globos de Oro y seis Emmy.
Por eso sorprende que su debut en el cine sea este dramón, que también
escarba en la memoria, aunque de una forma un tanto melodramática y en
ocasiones demasiado empalagosa.
Una pareja felizmente enamorada (ni Romeo y Julieta, tú) se separa cuando ella (
Rachel McAdams)
sufre un accidente en el que se queda amnésica. Por mucho que se
esfuerce (poco o nada puede hacer) es incapaz de recordar que amaba a su
marido (
Channing Tatum). Donde antes resplandecía el amor, ahora no queda nada.
No recordarás
Todos los días de mi vida por la interpretación de la pareja, en parte porque Rachel McAdams ya protagonizó la lacrimógena
Diario de Noah, con Ryan Gosling, y Channing Tatum hizo lo propio con
Amanda Seyfried en Querido John, basada también en una novela de
Nicholas Sparks.
Todos los días de mi vida no supera a aquéllas. Ni tan siquiera por el
cuerpazo de Tatum (aquí se desnuda él), una exhibición constante, al
igual que su condición de antisistema (la pandilla de amigos, eso sí,
chirría por todas partes). Ni tan siquiera por ese formidable (por
extraño) matrimonio formado por
Sam Neill y –de nuevo–
Jessica Lange...
Si algo sorprende en la película es su premisa, basada en una historia
real: ella olvidó pero de forma selectiva. Olvidó la vida con su marido,
no la vivida anteriormente. Y ahí es donde uno puede maravillarse de la
fragilidad de un sentimiento, de la fugacidad de un recuerdo.
[Critica publicada en Cinemanía]